Sosa y Proceso

La censura contra la circulación de la revista Proceso donde aparece un reportaje sobre el Grupo Universidad y sus nexos con Morena, tiene todo el sello inconfundible de haber sido ordenada por Gerardo Sosa Castelán,

quien no ha entendido el mensaje de cambio enviado por Andrés Manuel López Obrador.

Para nada es buen síntoma para ese partido que a estas alturas de naciente irrupción social, donde se perfila como el gran ganador de la elección presidencial, Sosa  Castelán quiera coartar la libertad de expresión y evitar que los hidalguenses conozcan de sus andanzas para ingresar a Morena.

Sin embargo, la historia de desencuentros entre el semanario Proceso y el Grupo Universidad, data de por lo menos dos décadas atrás. El libro, “La Sosa Nostra; historia del porrismo en Hidalgo”,  escrito por Alfredo Rivera, fue uno de los capítulos más álgidos de esta relación. Documentado ampliamente este conflicto legal tuvo en el ojo del huracán legal a uno de los fundadores de la propia revista, Miguel Ángel Granados Chapa, que fue codemandado con el editor Miguel Ángel Porrúa, el diseñador  de la portada Enrique Garnica Ortega, formación tipográfica Libraria S. A. de C. V., y el fotógrafo  Héctor Rubio Traspeña.

El daño moral que el juez 29 de la Ciudad de México, Miguel Ángel Robles Villegas encontró en la obra de Rivera es más que ridículo y muestra cómo la ley puede ser retorcida en perjuicio de quien sólo quería mostrar lo que Sosa Castelán hizo en sus años mozos al frente de la Federación de Estudiantes Universitarios de Hidalgo (FEUH).  

En el año 2005, quien esto escribe, como corresponsal de la revista Proceso en Hidalgo, recibió la visita incómoda de un personero de Sosa Castelán para dejar de publicar notas del caso: Eugenio Imaz Gispert, ex director del CISEN con Peña Nieto y entonces a las órdenes de Sosa como director del área de Intercambio Estudiantil de la máxima casa de estudios de la entidad.

Simultáneamente, la UAEH cerró cualquier canal de comunicación con este columnista y evitó, hasta donde pudo, cualquier información sobre su pasado en que hasta amenazó a diversos actores de su época estudiantil para evitar que hablaran.

La mordida que Sosa y el Grupo Universidad le dieron a la manzana de Morena es tal que logró postular a 9 candidatos a diputados locales y  2 federales, algo que muchos morenistas y analistas no entienden pues eso supondría una integridad moral a prueba de cualquier crítica y desde luego Gerardo Sosa no la tiene.

Y es que el problema mayor no es su tortuoso pasado, sino que su presente sigue tan cuestionable como aquel y sus comportamientos no dejan otra cosa que pensar, de quien buscó acomodo en el Movimiento de Regeneración Nacional al prestar –como si fuese suyo-, el CEUNI, una y otra vez para las reuniones de ese partido antes de anunciar su incorporación.

Hace tres semanas, acudió a la capital hidalguense Andrés Manuel López Beltrán, para capacitar a los mandos de Morena. Entre los asistentes estaban los hermanos Sosa Castelán. López Beltrán lanzó sin tapujos la piedra: “quien crea que Morena es un botín político que lo haga saber en este momento para que se vaya”. Clavó la vista en todos los presentes y en Gerardo Sosa particularmente, sin embargo la respuesta fue el silencio.

Y así ha sido todo, largas pausas a la suma del Grupo Universidad a Morena, que sin duda dará la sorpresa en la elección, sin embargo, aún no se cuantifica el daño que pueda hacerle su presencia, aunque por el momento para Morena parece que la lógica es sumar al costo que sea y basta con autonombrarse arrepentido para estar ahí.

El arrepentimiento es, ante todo, sentir repulsión por el pasado y sobre todo, dejar de hacer aquellas cosas que se  juzgan moral y políticamente incorrectas. Sin embargo, hay quienes no han entendido del todo este concepto.

* Economista, escritor y periodista