Política de comunicación: otra asignatura pendiente de la 4T

Por Daniel Cortés Escamilla

      Es indiscutible que la forma de trato, relación y política de información que el presidente AMLO ha decidido para con los medios de comunicación privados es la correcta.

De igual forma, el que el movimiento de transformación que encabeza el presidente, haya decidido acabar con la corrupción y con el “chayote” como se le conoce al pago que se hacía a los dueños de los medios de comunicación y a muchos periodistas en todo el país, también era una necesidad; pero hay algo que no cuadra aún en la política de comunicación social y de los medios públicos, que encabeza el periodista Jenaro Villamil.

En este sentido, la afirmación del presidente López Obrador, ante el señalamiento del senador Ricardo Monreal, en el sentido de que la unidad de Morena está en riesgo ante los grupos de radicales, el presidente sostuvo que él mismo es radical, porque radical viene de raíz y se trata de acabar con los problemas de México de raíz. Hasta ahí todo está bien y es correcto.

Sin embargo, el proceso, la forma y la actitud cambian cuando en los mismos medios públicos de comunicación, se mide o se califica con un rasero distinto a diversos gobiernos de América Latina  o de otras partes del mundo en los mismos espacios de información de canales públicos como Canal 14, Canal 11, Canal 22, y radiodifusoras del Sistema Público de Radiodifusión, en los que los conductores abiertamente califican a gobiernos como el de Nicaragua, de Kazajistán o de Corea del Norte como dictaduras y por el contrario, ensalzan a los gobiernos de países poderosos o al servicio de los gobernantes norteamericanos

En principio, esta forma de calificar a gobiernos hermanos, choca abiertamente con la política de no intervención y libre autodeterminación de los pueblos y más aún, refleja hasta cierto punto ingenuidad o abierta posición lacayuna ante los intereses del imperialismo norteamericano, pues hacen la labor de propagandistas del imperio, cuando este es el enemigo común de todos los pueblos que luchan por su liberación política y económica respecto del imperialismo y de sus organismos financieros como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

Pero la cosa no para ahí, la política de comunicación que ha implementado el periodista Jenaro Villamil, es el de retomar, en los mismos canales públicos la información que vierten cadenas y agencias noticiosas que se encargan de propagar información falsa o tendenciosa como Deutsche Welle, Agencia de información alemana en cuyo noticiario incluso llegan a hablar mal del “populismo” de AMLO, o de la agencia francesa France Press, que de igual forma, se encarga de propagar información falsa o tendenciosa en contra también de la 4T que encabeza el presidente López Obrador.

Lo que refleja la política antes descrita, es de una actitud tibia o complaciente ante dichos medios poderosos y de una visión poco consecuente para romper el cerco informativo que se impone en contra de gobiernos hermanos y pueblos en lucha, no solo en América Latina sino en diversas partes del mundo, como una forma de globalizar la lucha en contra del neoliberalismo en primera instancia, y del capitalismo como objetivo histórico.

Una alternativa más congruente o consecuente con los principios que enarbola la Cuarta Transformación, para acabar de raíz con el monopolio de la información tendenciosa, sería el que, en todos los medios públicos de Televisión y Radiodifusión, se retomara la información y hubiese una estrategia en la que se intercambiara información, documentales, entrevistas y diversos aspectos culturales de los países de Nuestra América para cortar la influencia perniciosa que establecen los medios de los países poderosos como Alemania, Francia y Estados Unidos. En su lugar podrían retomar información de medios serios y profesionales como Prensa Latina, Telesur, incluso de RT de Rusia.

Para que lo anterior se pudiera lograr alguien dentro del movimiento del presidente tendría que hacer ver esta necesidad a quienes tienen la capacidad de decisión al interior de la 4T, de lo contrario, está en riesgo la permanencia y consolidación de la política que impulsa el presidente López Obrador o, al menos, lleva ineludiblemente a su debilitamiento.