Oposición conservadora sin propuestas

Por Daniel Cortés Escamilla

Desde hace muchos años y mucho más durante el periodo neoliberal, las fuerzas progresistas y de izquierda en México lucharon desde una perspectiva de avanzada y oponiéndose a todo aquello que significó un retroceso en la vida política,

económica, social y cultural de nuestro país y nuestro pueblo.

Se opusieron a las privatizaciones iniciadas en el gobierno de Miguel de La Madrid a partir de las primeras modificaciones constitucionales que abrieron las puertas a la venta de las empresas paraestatales que existían hasta 1982 (1150 entidades públicas, de las cuales como 850 eran empresas del Estado mexicano). Se opusieron con el argumento de que, al debilitar al sector estatal de la economía, se vulneraba la soberanía y se dejaba en situación de desventaja al sector más pobre de la población, lo cual ocurrió tal como se argumentó.

Se dijo, por parte de los grupos progresistas y de izquierda, que los neoliberales trabajaron para descapitalizar y de esa manera debilitar a las empresas paraestatales, argumentando que “trabajaban con números rojos”, es decir, que eran una carga para el erario, lo cual resultó que era falso y que en realidad era un ardid para convencer a la opinión pública de que era necesario “vender bienes para remediar males”, tal como lo dijo en su momento Carlos Salinas de Gortari.

El caso es que, durante el neoliberalismo, se vendieron prácticamente todos los bienes de la nación y no se resolvió ningún mal, por el contrario: la pobreza se disparó a la par del desempleo, las devaluaciones del peso fueron constantes, los precios de los productos básicos se elevaron y con ello la carestía de la vida siempre estuvo en aumento y hay que decir que los millonarios que compraron los bienes en venta, de ricos pasaron a multimillonarios al grado de aparecer en la revista Forbes dentro de los más ricos del mundo.

El endeudamiento por los préstamos del Fondo Monetario Internacional creció descomunalmente sin ningún beneficio para el pueblo, sólo para engrosar las cuentas bancarias de los empresarios y políticos neoliberales.

Ese fue el resultado de los 36 años de neoliberalismo. Sin embargo, las mentiras tienen consecuencias y ello quedó de manifiesto en las diversas elecciones desde 1988 a la fecha, en las que el pueblo manifestaba su rechazo a través del voto, pero que se resolvían a través de fraudes electorales promovidos por el IFE-INE.

El hartazgo por las promesas y el cinismo de los conservadores de derecha, quienes nunca se cansan de mentir y de prometer, llegó a su fin en las elecciones de 2018, gracias a lo cual, el gobierno que encabeza el presidente Andrés Manuel López Obrador inició el proceso de la Cuarta Transformación y con ello la lucha en contra de la corrupción.

A partir de ese momento, los conservadores de derecha, con los medios de información a su servicio, se han encargado de orquestar una intensa campaña de desprestigio, en la que destacan los insultos y llegan a niveles de verdaderos barbajanes, con actitudes grotescas y burdas que reflejan la naturaleza fascistoide e intolerante de los neoliberales.

No tienen propuestas, no presentan argumentos, confunden los insultos con argumentos y sólo alcanzan a hilvanar campañas de desprestigio y tienden a demostrar su odio enfermizo hacia quien les está limitando en sus ambiciones y afán de poder político y económico.

La respuesta de los neoliberales hacia cada una de las acciones del presidente López Obrador, es oponerse por oponerse, es decir, oponerse de manera sistemática; no hay propuestas en torno a sus ataques y agresiones, sólo el odio que se destila por todos los medios a su alcance, que no son pocos ni los medios ni los recursos.

Espero que ante este panorama desolador para los miembros de la derecha, brille cada vez más la participación de nuestro pueblo para defender cada una de las acciones orientadas a beneficiar a quienes fuimos empobrecidos por las políticas neoliberales impulsadas desde el FMI y el Banco Mundial y haya el tiempo suficiente para fortalecer una política del pueblo y para el pueblo. Los conservadores de derecha que con su PAN se coman los insultos.