Morenistas avasallados

Por Leandro Cortés Escamilla

La ofensiva en contra de la Cuarta Transformación está tomando dimensiones grotescas. Los grupos y personas que no tienen nada que ver con los principios y postulados de Morena, enquistados en el partido

desde la campaña presidencial de 2018, están decididos a frenar el avance que ha tenido este movimiento con el gobierno del presidente López Obrador. La entrega de candidaturas a personas francamente enemigas del movimiento, es cada vez más descarada.

Hay que decir que la estrategia de permitir la llegada de todo tipo de personas, grupos y personalidades sin ningún filtro, durante esa campaña, fue acertada, pues Morena, era y sigue siendo un movimiento político con forma de partido, y había que asegurar el triunfo electoral para que llegara el líder del movimiento a dirigir el gobierno de México.

Sin embargo, después del triunfo electoral tendría que haber cambiado la estrategia, pues era previsible que Morena se convertiría en el nuevo botín de los que se acostumbraron a vivir del presupuesto oficial; tendría que haber restricciones, para aceptar en sus filas a personas que cumplieran los requisitos básicos del Partido, como el de no pertenecer a otros partidos, o no haber tenido conductas contrarias a aquellas que dieron origen al movimiento de regeneración nacional, como la corrupción, la simulación, el autoritarismo, la prepotencia, etc.

Después de ese primer paso que fue el triunfo electoral, tendría que haber una sacudida de elementos indeseables, sobre todo los que llegaron a los puestos de elección popular, y demostraron con hechos que sus objetivos políticos no tienen nada que ver con los objetivos de la transformación de la vida pública de México. Estos elementos ya quedaron pagados, y muy bien pagados, por los años que estuvieron cobrando del erario público.

Pero, en las elecciones subsecuentes, se ha repetido esta situación; desde la más alta dirección, los elementos oportunistas se han organizado ya no sólo para apoderarse de todo el partido, sino, lo que es más grave, para frenar el desarrollo que ha logrado la Cuarta Transformación con el trabajo del gobierno federal.

Y lo peor es que los elementos combativos, los luchadores sociales, los líderes de la izquierda, no han logrado organizarse al interior de Morena como lo han hecho los oportunistas; a pesar de que sí hay voces que denuncian la conducta de los oportunistas, y hay mucha inconformidad con ellos, no existe una estrategia que plantee el rescate del Partido, para darle el perfil que requiere en apoyo del gobierno federal y para seguir impulsando la transformación.

Por el contrario, ya los oportunistas les tomaron la medida a los morenistas: cuando alguien se inconforma con la entrada de más oportunistas, o con la entrega de candidaturas a éstos, sólo tienen que acusar a los morenistas de sectarios, de dividir al partido, de no querer que éste crezca, en fin, de estar en contra de la Cuarta Transformación.

Y los morenistas callan y sólo les queda ver como los oportunistas siguen apoderándose de los cargos de elección, de las administraciones municipales y locales, y los utilizan para fortalecerse cada vez más; y se quedan impotentes los morenistas viendo como su partido va perdiendo su esencia, sus ideales, los objetivos que le encomendó su principal promotor, el presidente López Obrador.

Y cómo se va pareciendo cada vez más al PRI, al PRD, o a cualquier otro partido de los que buscan que regrese el neoliberalismo, que regrese la corrupción, las prácticas de manipulación, de compra de votos, etc.

Pero esa organización por el rescate de Morena se va a tener que dar tarde o temprano, porque sigue siendo el instrumento político que posibilitó que iniciara el camino del rescate de México de los neoliberales de dentro y de fuera del país; la Cuarta Transformación no es un movimiento espontáneo, sino el resultado de las luchas históricas del pueblo trabajador por mejorar sus condiciones de vida, y no puede terminarse por más que los oportunistas persigan ese objetivo.

Sólo esperemos que los morenistas no tarden mucho en reorganizarse; mientras más rápido rescaten al Partido, más fácil será la transición hacia el nuevo modelo económico y político en el que el principal protagonista es el pueblo de México.