Cuba y Estados Unidos frente al probable camino de la cooperación

Por Karina Marrón González/Prensa Latina
La Habana (Prensa Latina) Dos caminos se presentan hoy ante la nueva administración de Estados Unidos respecto a Cuba: el de las agresiones y sus correspondientes fracasos, bastante conocido,

y el de la cooperación, un sendero poco andado pero más prometedor.

Sobre este último el presidente Joe Biden tiene algunas referencias, pues fue vicemandatario del gobierno que escogió el restablecimiento de relaciones (Barack Obama 2009-2017) y bajo el cual, desde 2015 y hasta los primeros días de 2017, se firmaron 22 acuerdos y memorandos de entendimiento.
Desde la reapertura de misiones diplomáticas permanentes hasta aspectos relacionados con la salud y el clima, entre otros, los documentos suscritos responden a asuntos de interés común.
En el sitio de la Cancillería cubana aparecen listados esos convenios, entre los que cuales se encuentran memorandos de cooperación para la conservación y manejo de Áreas Marinas Protegidas, en el campo de la protección ambiental y en ámbitos que permiten mejorar la seguridad de la navegación marítima.
También, el establecimiento de programas cooperación e intercambio para compartir datos sobre registros sísmicos e informaciones geológicas, además de abrirse mayores posibilidades para investigaciones conjuntas acerca de meteorología y clima.
Asimismo, establecieron las bases para la preparación y respuesta ante una posible contaminación causada por derrames de hidrocarburos y otras sustancias nocivas y potencialmente peligrosas en el Golfo de México y el estrecho de Florida.
La administración de Donald Trump insistió desde su llegada a la Casa Blanca en que el restablecimiento de relaciones había sido únicamente positivo para la nación caribeña, pero todos los elementos mencionados hasta aquí resultan en beneficios mutuos.
De igual modo sucede con aquellos acuerdos y memorandos destinados a garantizar la transportación directa del correo, los procedimientos para la seguridad de los viajeros y el comercio, para procurar sanidad vegetal y animal, o sobre la búsqueda y salvamento aeronáutico y marítimo.
El establecimiento de vuelos regulares entre Estados Unidos y la isla mayor de las Antillas fue un paso de avance no solo para los cubanos, sino también para los ciudadanos estadounidenses que tuvieron un obstáculo menos para ejercer su derecho a viajar.
Nada de esto tuvo en cuenta Trump cuando suspendió los chárteres desde territorio norteamericano y dispuso que los itinerarios regulares solo llegaran a La Habana.
Optó por el camino de los castigos y con ello soslayó los intereses de su pueblo, como demostraron congresistas y productores estadounidenses el 16 de enero pasado, cuando en un foro virtual volvieron a manifestar su deseo de que se implementen más acuerdos como el memorando para la cooperación en la agricultura y otras esferas afines.
Escogió el sendero que les niega a sus ciudadanos la posibilidad de acceder a los conocimientos y productos biofarmacéuticos creados en Cuba, incluso en medio de la pandemia de Covid-19 y tras la aprobación de resoluciones en alrededor de 15 ciudades norteamericanas que exhortan a su gobierno a establecer cooperación en este campo.
Existen también memorandos de entendimiento entre el Ministerio de Salud Pública cubano y el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos que permitirían esa colaboración, tanto en esta circunstancia como para enfermedades como el cáncer o las úlceras del pie diabético, pero la elección hecha por la otrora administración no lo hizo posible.
La lista podría continuar, porque el camino de la cooperación abierto incluyó aspectos vitales como el enfrentamiento al tráfico ilícito de estupefacientes y sustancias psicotrópicas, o elementos vinculados a la migración.
Hay enormes potencialidades en tender puentes desde el respeto, en lugar de las más de 240 medidas coercitivas implementadas por el gobierno de Trump, que tampoco lograron destruir la Revolución cubana y, en cambio, sí le ganaron el desprestigio internacional a Washington.
La comunidad mundial rechazó la inclusión de Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo y apoya la nominación de sus médicos al Premio Nobel de la Paz, en lugar de dar crédito a las campañas difamatorias impulsadas desde la Casa Blanca.
Esos ejemplos deberían bastar ahora que una nueva administración se encuentra otra vez frente a los dos caminos, y tendrá que elegir entre lo conocido y un prometedor viaje a lo ignoto.