No eran tan diferentes

Leandro Cortés Escamilla

La anunciada coalición de los partidos PRI, PAN y PRD, para enfrentar juntos las elecciones de 2021, y disputarle a morena el control del poder legislativo, hace ver de manera inequívoca que en realidad no eran muy diferentes entre sí,

como lo quisieron aparentar durante las pasadas décadas de la historia del país.

En el caso del PAN, hay que recordar que nació para combatir la política económica del presidente Lázaro Cárdenas, que estaba puesta como hoy, al servicio del pueblo de México, y combatir en especial a la recién nacionalizada industria petrolera. Desde sus inicios esa fue su tarea: combatir toda política económica y social que beneficiara al pueblo trabajador, y apoyar la que favoreciera a los empresarios, banqueros, industriales, y a toda la burguesía en su conjunto.

Por ello, en la etapa neoliberal, desde 1982 hasta 2018, estuvieron felices con todos los gobiernos de ese período, desde Salinas de Gortari, hasta Enrique Peña Nieto; por supuesto que aparentaron siempre ser una oposición intransigente con los gobiernos del PRI, pero solo en apariencia, sólo en las cuestiones secundarias, sin importancia, porque en el fondo, siempre apoyaron las medidas implementadas por esos gobiernos que favorecieron las privatizaciones, el desmantelamiento de las conquistas laborales, el despojo de tierras, la corrupción en todas las esferas del poder público y privado.

Es natural que ellos estén en contra de la Cuarta Transformación, del gobierno federal y de su partido, Morena, pues estos representan intereses antagónicos a los que le dieron origen al PAN; este partido, el PAN siempre ha estado firme ideológicamente, pero no puede aceptar públicamente la ideología que defiende, pues eso no le traería simpatía entre el pueblo; tiene entonces que presentarse ante la población con un lenguaje que defiende a los pobres, a la clase trabajadora, es decir, tiene que mentir, engañar, para poder existir.

En el caso del PRI, viene del gran movimiento revolucionario de 1910, que alcanzó su máximo desarrollo con la política de nacionalizaciones de las ramas más importantes de la economía, que tuvo como resultado el crecimiento de la economía nacional, y lo que es más importante, logró una mayor distribución de la riqueza, al hacer partícipes de esta riqueza a los trabajadores y al pueblo.

Este partido, sin embargo, cedió a las presiones de los organismos internacionales para torcer el camino, de tal manera que, desde la llegada de Salinas de Gortari a la presidencia de México, aceptó casi sin discusión, que la revolución había terminado y era necesario ahora abrirse al libre comercio, dando paso a la implementación del neoliberalismo, que defiende hasta le fecha.

El PRD (corriente democrática del PRI, PMT), es también heredero de una lucha social del pueblo de México: la gesta heroica del pueblo por impedir que los neoliberales se apoderaran del gobierno con Salinas de Gortari; en sus inicios fueron consecuentes con esa herencia, al defender las conquistas de los trabajadores, y sobre todo, impedir la privatización del petróleo.

Sin embargo, su debilidad ideológica y su conformación heterogénea, que permitía tener miembros con ideologías diversas, incluso representantes de la derecha, le significaron que fuera perdiendo los principios ideológicos de la izquierda, y acabara en lo que es hoy: un partido que abiertamente se declara en contra de la Cuarta Transformación, y apoye sin trabas a la derecha en su intento por frenar esta transformación en marcha.

Sus últimos principios de izquierda los abandonó con el inicio del gobierno de Peña Nieto, con la firma del “Pacto por México”, con el que se concretó la privatización de la energía eléctrica y el petróleo.

Desde entonces, y aún antes, estos tres partidos han trabajado de manera coordinada para hacer prevalecer los intereses económicos de la burguesía sobre los del pueblo. Es sano que hoy se unan, porque así se dejan ver tal cual son: enemigos del pueblo de México; y son ellos los que están polarizando a la sociedad mexicana, ellos son los que pregonan el odio, hacia el presidente, hacia su partido y hacia el movimiento.

En su odio que los ciega, algo podemos agradecerles los adversarios de la Cuarta Transformación: con la polarización que provocan, le facilitan al pueblo la visión de quiénes son los que trabajan en su favor, y quienes están en su contra. El resultado final será la consolidación electoral en 2021 de esta Cuarta Transformación.