El futuro pertenece a los pueblos del mundo

Por Leandro Cortés Escamilla

El fin histórico del capitalismo está cada vez más cerca; el imperialismo, -su última fase-, está dando ya signos de agotamiento. La lucha de clases se torna más violenta: la burguesía mundial no está dispuesta a perder sus privilegios de clase e inventa nuevas formas de proseguir con el sometimiento de los obreros,

campesinos y todo el pueblo.

La lucha armada parece ya no ser la mejor opción de sometimiento; los golpes de estado militares ya no se producen en la misma proporción de hace algunas décadas al preferir la oligarquía mundial otras opciones como los golpes parlamentarios, judiciales, etc. La lucha de clases en el terreno de las ideas profundiza el antagonismo: las mentiras que han sostenido a la burguesía en el poder se acentúan de una manera muy burda.

Del lado del pueblo, la consciencia de clase de los trabajadores adquiere cada vez más protagonismo en la historia del mundo. Esa consciencia les hace ver que su bienestar, su desarrollo, no tienen nada que ver con esas mentiras que la burguesía maneja de una manera muy sofisticada en la forma y burda en el contenido.

Los cambios sociales se aceleran; los enclaves coloniales no duran ya trescientos años como sucedió con la Nueva España; las dictaduras militares no son ya la opción que garantiza el saqueo de los recursos naturales y humanos de los países subdesarrollados, y el mercado para los productos de las metrópolis imperialistas.

Los sistemas democráticos son utilizados cada vez más por los pueblos para elegir a sus gobernantes, en detrimento de los esfuerzos de la oligarquía por seguir gobernando para su clase social. Estos sistemas democráticos son capaces de contrarrestar por completo a las dictaduras más violentas como lo son las dictaduras militares.

Lo que ocurrió en Bolivia recientemente es una muestra de lo que puede lograr un pueblo consciente por la recuperación de su soberanía. En efecto, tras un golpe de Estado militar, concebido por el gobierno imperialista de Estados Unidos, junto con sus incondicionales de Latinoamérica, agrupados en la OEA, y ejecutados por los militares golpistas internos, tuvo un periodo fugaz, muy fugaz de tan sólo ¡un año!

En las elecciones de octubre de 2019 en Bolivia, Evo Morales y el MAS, obtuvieron la victoria con un 46.8 por ciento de la votación, mientras que Carlos Meza, alcanzó 36.78 por ciento. De acuerdo con estos resultados, Evo Morales ganó en primera vuelta, no siendo necesaria una segunda vuelta, de acuerdo a la legislación vigente en ese país.

Sin embargo, la derecha acusó sin pruebas de un fraude electoral, lo que fue apoyado por la OEA, y de manera muy protagónica por su secretario general, Luis Almagro, quien se ha distinguido por ser incondicional de Estados Unidos para golpear a los países de la región que no se alinean a los dictados del imperialismo.

Pero en las elecciones de 2020, que fueron aplazadas una y otra vez por la pandemia, los resultados fueron aún mejores para el MAS y sus candidatos Luis Arce y David Choquehuanca, quienes lograron el 55.10 por ciento de la votación total, más de 8 puntos porcentuales más que en las elecciones de 2019; esto indica claramente una rectificación de los votantes que en ese año no votaron por Evo y el MAS.

Lo sucedido durante el gobierno de facto de Jeanine Áñez fue decisivo para este incremento de la votación para el MAS en la elección de 2020: la destrucción de la economía que durante 14 años se había puesto al servicio del pueblo boliviano, y la desaparición de todos los derechos sociales que se habían implementado en su favor.

La conciencia de clase es también la que permitió a los argentinos recuperar la senda del progreso después de un período gubernamental de 4 años del derechista Mauricio Macri, eligiendo al progresista Alberto Fernández. En Brasil seguramente el Partido de los Trabajadores regresará al gobierno después de desastroso gobierno de Bolsonaro.

Así las cosas, al imperialismo se le condenará a morir de inanición, al cortársele los suministros de recursos naturales y humanos que lo mantienen aún con vida.