Los primeros damnificados de la Cuarta Transformación

Por Leandro Cortés Escamilla

Todo cambio social implica afectaciones al estado de cosas imperante. Algunos van a beneficiarse con el cambio y otros saldrán perjudicados. Eso es lógico. Es más palpable en el cambio de gobierno, cuando además el nuevo gobierno proviene de otro partido.

Y lo es aún más cuando el nuevo partido y el nuevo gobierno llegan con objetivos y metas no solo diferentes, sino aún contrarias a la forma de gobernar anteriores.

Esto es lo que sucedió con el cambio del gobierno federal en 2018: el gobierno de AMLO y de Morena llegaron para cambiar el modelo económico que permitió concentrar la riqueza en unas cuantas manos a costa de la pobreza de la gran mayoría de los mexicanos.

Desde el mismo inicio del gobierno, la administración federal inició también la tarea de revertir esa forma de gobierno, para ponerla ahora al servicio del pueblo: acabar con la venta de bienes del país a los particulares; distribuir la riqueza de manera menos injusta, y en general erradicar la corrupción que fue el cáncer que destruyó el tejido social, y todos los derechos sociales del pueblo conquistados en años de luchas populares.

En esa tarea, los primeros damnificados fueron los delincuentes comunes y los de cuello blanco que se dedicaban al “huachicol”, el robo de hidrocarburos más escandaloso de la historia; siguieron luego los empresarios que acostumbraban no pagar impuestos; la burocracia gubernamental que se beneficiaba con los programas sociales, y una larga lista de personas, grupos, empresas, que se han visto afectadas por el cambio en la forma de gobernar.

En este sentido, la llegada de los nuevos gobiernos municipales en el Estado de Hidalgo emanados de Morena, provocarán el mismo efecto: saldrán perjudicados los grupos de poder que fueron desplazados del gobierno, y que fueron los beneficiarios de un sistema de corrupción que les permitió amasar fortunas, cometer injusticias y creerse dueños de los municipios que gobernaban.

Estas afectaciones tendrán diferencias entre los municipios, de acuerdo a sus particularidades, pero en mayor o menor medida, los principios de Morena y de la Cuarta Transformación iniciarán su implementación en este nivel de gobierno, lo que los pondrá en sintonía con la transformación que se realiza a nivel nacional.

Para el caso de Mixquiahuala, la Cuarta Transformación promete un avance rápido. El presidente municipal electo, José Ramón Amieva Gálvez, a pesar de haber participado como candidato externo, ha hecho suyos los principios de Morena, y ha manifestado con firmeza su disposición a gobernar en equipo con el partido.

Ha manifestado que encabezará un gobierno que base su actuación en la participación popular, y, en consonancia con el ejecutivo federal, pugnará por someterse a un referéndum a la mitad de su mandato, para preguntar a la gente si debe continuar con su mandato o debe renunciar.

Con esas premisas, se puede avizorar desde ahora quienes van a ser los primeros damnificados de la Cuarta Transformación en Mixquiahuala: la burocracia que gobernó hasta septiembre pasado; esa burocracia que se benefició de la corrupción municipal, de la que algunos de sus integrantes incluso se han acercado al equipo del candidato electo, con el claro objetivo de seguir viviendo del erario público, sin importarles en lo más mínimo los ideales y los principios de Morena.

Otros damnificados serán los contendientes perdedores de la contienda: algunos de ellos aún siguen pretendiendo anular el resultado con impugnaciones que no tienen sustento; otros tienen aún la esperanza de ser incluidos en la administración entrante, al no tener ni siquiera las posibilidades de ser incluidos en el Ayuntamiento, como lo hizo el alcalde anterior.

Ya con el inicio de actividades del nuevo gobierno saldrán muchos más perjudicados, porque la premisa fundamental es el combate a la corrupción. Y en la medida en que se combata, se irán liberando recursos económicos que beneficiarán a los excluidos del desarrollo por los gobiernos anteriores: el pueblo.