Los nuevos cristeros...

Amigos míos. La ultraderecha mexicana no supera su oscurantismo medieval.

Sigue pensando que Dios eligió a las élites y que el mandato divino es que ellos nacieron para ser esa élite y para gobernar. Así cómo nuestros políticos de rancho, que se aferran al poder porque desde su perspectiva, son los únicos que saben y deben gobernar.

Igual que los hebreos, que la realeza en la Edad Media, ellos se sienten herederos de esa supremacía.

Su beligerancia intenta ser una nueva "CRISTIADA". Pero no contra una nueva Ley Calles (1926), promulgada por el presidente Plutarco Elias Calles, que negó el reconocimiento legal de la iglesia, prohibió la educación religiosa, nacionalizó las propiedades del clero y prohibió la celebración de ceremonias religiosas fuera de los templos. Llevando a concretar las reformas de 1854 promulgadas por Benito Juárez..

Tan solo están peleando que quien llegó a la presidencia de la república NO ES UNO DE LOS SUYOS.

Y, como no es uno de los suyos -no es de su clase social, de su color de piel, de su estilo de vida, de su mentalidad empresarial, de sus gustos palaciegos-, entonces no piensa y actúa como ellos y, por tanto, NO DEFIENDE SUS INTERESES DE GRUPO.

Ante esos argumentos. según ellos, quien gobierna es un DICTADOR. En su concepción, dado que es un gobierno que no atiende sus necesidades, es un poder abusivo, un déspota, un engreído que los ofende con su "primero los pobres", con sus "mañaneras", con su crítica al viejo régimen neoliberal, corrupto y reaccionario; también con su ironía y su sarcasmo.

Intentan liderar, entonces, la nueva Guerra Cristera. Sacan el estandarte de la virgen de Guadalupe -el grito cristero fue: ¡Viva Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe!)-, muestran crucifijos, hacen oración pública, se rocían con agua bendita.

Pero tienen un gran problema.

A diferencia de lo que nos informa el historiador francés Jean Meyer en su "La Cristiada, La guerre du peuple mexicain pour la liberté religieuse", los cristeros de ahora no han podido movilizar a la masa. Jean Meyer registra una movilización de más de 50 mil combatientes cristeros -Emiliano Zapata luchó con diez mil hombres y Francisco Villa con veinte mil- y 25 mil mujeres (las brigadas femeninas de Santa Juana de Arco). Desde los púlpitos de las iglesias, los curas convencieron a la gran masa de campesinos pobres e iletrados de unirse contra un gobierno que atentaba contra su fe católica.

Hoy, sin embargo, a pesar de que la mayoría de los mexicanos se dicen ser "guadalupanos" y "buenos cristianos", no coinciden con los nuevos dirigentes de la "Nueva Cristiada".

Por eso, estos nuevos criteros han llegado solos al Zócalo de la ciudad de México. El estandarte de la virgen de Guadalupe no logró, como el Grito de Dolores, encender los ánimos de la población.

El problema del discurso beligerante de la ultraderecha mexicana es que, al mismo tiempo, desprecia a los pobres y a las mismas clases medias al anteponer su SUPUESTO origen de clase alta.

Además, no alcanzan a entender que la proclama "Primero los pobres" les desarticula la posibilidad de sumar huestes a su causa, como los cristeros del siglo pasado, que lograron sumar a su causa a los campesinos pobres.

Por lo tanto, los Frenaa, esos cristeros modernos, no tienen ninguna posibilidad. No hay ninguna posibilidad de sumar simpatizantes.

Don Diego de la Vega.

COPIADO DE LAS BENDITAS REDES SOCIALES.