A 75 años de la liberación de Auschwitz

Por Daniel Cortés Escamilla

Hace 75 años, el campo de concentración de Auschwitz, en Polonia, era liberado por el Ejército Rojo de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS),

y no por el ejército norteamericano como lo da a conocer la propaganda de este país imperialista y de sus aliados.

Hace 75 años, terminó una de las etapas más sangrientas de la historia mundial con el derrocamiento del ejército nazi, fundamentalmente por el ejército de la Unión Soviética, país que perdió más de 20 millones de personas en dicha conflagración. Es importante mencionar estos datos, porque la propaganda norteamericana hace parecer al ejército norteamericano como los salvadores de la Europa ocupada por los ejércitos del Eje nazifascista —Alemania, Italia y Japón— como si ellos hubieran derrotado a estos países y hubieran sido los héroes que acabaron con las ambiciones de Hitler, Mussolini e Hiroito.

La realidad es que el ejército norteamericano entró tarde a la Segunda Guerra Mundial solamente después de que vieron amenazados sus intereses económicos por el avance incontenible de los ejércitos del Eje, concretamente, después del ataque a Pearl Harbor por parte del ejército japonés; pero, antes de ello, mantuvieron relaciones con los gobiernos tanto de Hitler como de Mussolini, en su permanente obsesión de “luchar contra el comunismo”. Algo parecido a los gobernantes de Inglaterra, Winston Churchill, y de Francia, Charles de Gaulle, quienes también jugaron un doble papel en su lucha en contra del nazifascismo.

Peor aún, algo que nunca se comenta y que quedó plenamente documentado por periodistas de la desaparecida Unión Soviética, es que los gobernantes de Estados Unidos encabezados por Franklin Delano Roosevelt, con la toma del Reichstag y de todo Berlín por parte del Ejército Rojo, se dedicaron a salvar a personajes del gobierno Nazi como Martín Borman —el segundo hombre en importancia después de Hitler— y a muchos personajes como Klaus Barbie, que después fueron descubiertos en diversos países sudamericanos —recordemos los experimentos nazis en los niños de Brasil en la década de los años setenta—, y la presencia nazi en Bolivia, Paraguay, Argentina, Uruguay y Chile, que después sirvieron fielmente a los intereses de Estados Unidos con la oleada de dictaduras impuestas por el imperialismo en su famosa operación cóndor, que eliminó y desapareció a miles de dirigentes de izquierda en aquellos países, y con organizaciones fascistas como la Alianza Anticomunista Argentina, y que establecieron campos de reclusión disfrazadas en las que se torturaba, asesinaba y se experimentaba con dirigentes políticos de izquierda, como la tristemente célebre colonia Dignidad en Chile.

Esta es la realidad, y no como lo manejan los medios al servicio del capitalismo y del imperialismo, acerca de que fue el ejército norteamericano el salvador del mundo. Nada más alejado de la realidad. Lo cierto es que los gobernantes norteamericanos, como todos los imperios que han dominado el mundo, o parte de él, a lo largo de la historia se han conducido y se conducen con mentiras y engaños. No tienen amigos, tienen intereses, y es lo que prevalece en todas sus relaciones; siempre serán los intereses de Estados Unidos los que han de prevalecer en sus relaciones con otros países como ha quedado demostrado a lo largo de la historia.

Hoy, el mundo se debate entre los intereses norteamericanos y de sus aliados, y los de los países del mundo que luchan por construir relaciones más justas y equitativas, de respeto a la libre autodeterminación de los pueblos, que detenga el saqueo y el empobrecimiento ocasionado por los intereses imperialistas de los gobernantes norteamericanos.

Esperemos que el día en que prevalezca el derecho de los pueblos pobres a decidir sobre sus recursos y sobre sus formas de gobierno, no sea muy lejano. De esa manera, habremos aprendido la lección para erradicar el terrorismo ocasionado por quienes se sienten dueños del mundo, por mandato divino, como los gobiernos nazifascistas que ocasionaron la Segunda Guerra Mundial, y actualmente como los gobernantes estadounidenses que siguen ocasionando terror, destrucción, y muerte en todo el mundo.