Monreal: judas de la Cuarta Transformación

Por Daniel Cortés Escamilla

En los días previos al Tercer Informe del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, se comienzan a vislumbrar algunas de las debilidades del gobierno del cambio y éstas provienen precisamente de Morena, el partido del presidente de la República, al grado que el propio AMLO se vio en la necesidad de afirmar que, en caso de que Morena continúe como va, él no tendría otra opción más que salirse del partido que fundó.

La situación tiene historia y ésta inicia precisamente desde que Ricardo Monreal no logró la candidatura a Jefe de Gobierno de la Ciudad de México y en su lugar quedó Claudia Sheimbaun; entonces Monreal comenzó a lanzar una andanada de amenazas e incluso se reunió con gente del PAN y del PRI, a efecto de sopesar su posible candidatura por estos partidos. Aunque mucho antes, en su paso por la gubernatura del estado de Zacatecas también sentó un precedente de su actuar inescrupuloso, capaz de lo peor con tal de lograr sus propósitos y sus ambiciones.

Su conducta actual refleja oportunismo, cinismo, falta de ética, y de principios hacia el movimiento encabezado por el actual presidente de México, además de la deslealtad y abierta traición hacia Morena y a su líder y fundador.

Como bien dice el dicho popular, el que traiciona una vez traiciona las veces que quiera; y esa frase ha quedado plenamente demostrada con la imposición como presidenta del senado de Mónica Fernández Balboa –una incondicional suya–, en sustitución de Martí Batres Guadarrama, quien no goza de la simpatía de Ricardo Monreal y quien en un futuro próximo puede disputarle al propio Monreal el mejor posicionamiento para lograr una eventual candidatura para la presidencia de la República en el 2024.

En suma, Ricardo Monreal Ávila, no da brinco sin huarache, y cada movimiento y acción que emprende lleva una profunda carga de egocentrismo en los que va implícita su malsana intención de generar una corriente de simpatía, no hacia los objetivos de la Cuarta Transformación, sino a su favor. Sus declaraciones son un evidente discurso plagado de falsas bondades y generosidad que no existe, y totalmente alejadas de la defensa de los intereses de los mexicanos.

Este diferendo ha llegado a tal grado que el propio Andrés Manuel López Obrador, ante las discrepancias entre los senadores de Morena, sostuvo en clara alusión a Ricardo Monreal: “no son los cargos los que deben importar, sino la contribución a los cambios”, “el político tradicional, el que está pensando cómo ‘colarse’, no ayuda en nada y no tiene futuro” y continuó: “El pueblo de México tiene un instinto certero, sabe quién habla con la verdad, quién tiene buenos sentimientos, quién se preocupa por ayudarlos y quién es un trepador, un oportunista, un politiquero”.

Más allá de las ambiciones de un solo hombre, se van conjuntando las ambiciones de muchos de quienes se subieron a las candidaturas morenistas de último momento y comparten las marrullerías, el doble discurso y las ambiciones de Monreal, como ha quedado demostrado en el actuar de otros personajes que ganaron algún cargo de representación popular y que hoy, con sus acciones están demostrando que lo que menos les interesa es el pueblo y la patria, asunto que se va a ir definiendo con la elección la futura dirección nacional de Morena, cuyas debilidades corren el riesgo de profundizarse en caso de que este partido caiga en manos de los oportunistas sin escrúpulos.

Por lo pronto, Monreal ya dejó entrever sus ambiciones y de momento es el único judas visible, por lo que los dirigentes de este movimiento tienen el reto de meter en cintura a todos los adelantados, pero sobre todo a quienes, como Monreal, han demostrado poner sus ambiciones por encima de los objetivos de la Cuarta Transformación.