¿Por qué tarda tanto el gobierno en resolver los problemas?

Leandro Cortés Escamilla

Esta es la inquietud de la Sociedad bien intencionada, esperanzada, y que sufre aún los estragos de 6 sexenios de neoliberalismo; su impaciencia se basa en su mala situación económica, que aún no mejora;

en la imperiosa necesidad de alimentar a su familia, proporcionarle los satisfactores materiales como techo, educación, salud, etc.

Algunas personas pierden la esperanza, y son presa de la propaganda antigubernamental, antiobradorista y pro-neoliberal; y repiten lo que los propagandistas de ese sistema difunden a través de los medios de “comunicación” para desacreditar el trabajo del gobierno federal: que el presidente no sabe gobernar, que no escucha a los “expertos”, que no le gusta la crítica, que está llevendo al país a la ruina, etc., etc.

Afortunadamente para el pueblo, esas personas son minoría, frente a la enorme mayoría que aún conserva la esperanza; esa esperanza que logró conjuntar a millones de ciudadanos en un gran movimiento popular que logró poner fin a una era de un sistema económico que demostró hasta la saciedad que su interés no era el de beneficiar a un pueblo agraviado, perjudicado, y que a pesar de eso no le dio mayores problemas a la clase gobernante.

Esa esperanza se mantiene, y aún crece, como lo demuestran las encuestas que muy a pesar de sus críticos, que no encuentran ninguna explicación para ese gran apoyo que tiene el presidente. Y es lógico que así sea, pues esa esperanza no se concibió de un día para otro, sino que fue alimentándose a través de muchos años de sufrimiento, de humillaciones, de soportar engaño tras engaño.

A pesar del gran apoyo popular al presidente y a su gobierno, los damnificados del 1 de julio de 2018 (PRI, PAN, PRD, empresarios, etc.), no se dan por vencidos; siguen hacienda lo único que saben hacer: difundir las mentiras que hasta las pasadas elecciones federales les sirvieron para engañar a la gente y utilizar su voto para mantenerse en el poder.

Tienen la esperanza, (ésta sí es infundada), de recuperar la credibilidad de los electores para que los lleve nuevamente a apoderarse del gobierno y seguir beneficiando a los grandes millonarios del país y a los extranjeros, aunque claro, ellos no admitirían que “estaríamos mejor” con Meade o con Anaya.

A la gente bien intencionada le podríamos preguntar: ¿por qué tan impacientes a 7 meses de gobierno? ¿por qué quieren que el presidente arregle de inmediato los problemas económicos y sociales que dejaron 6 presidentes neoliberales? ¿por qué nos tardamos tanto como sociedad en darnos cuenta que los gobiernos neoliberales nos engañaron, nos estafaron, nos cancelaron nuestros derechos más elementales, nos cancelaron nuestro futuro?

Aguantamos 36 años, creyendo una y otra vez en los mismos, creyendo en cada vez que ahora sí nos recuperarían algo de lo que nos habían quitado. Ahora, con 7 meses en el gobierno queremos que el presidente reconstruya el país, que nos devuelva al pueblo todo lo que nos arrebataron los gobiernos neoliberales, que, como por arte de magia, desaparezca todo vestigio del neoliberalismo, que a ellos les costó 6 sexenios implementar.

En estricta proporción, lo más que le podríamos pedir al presidente, es que durante su sexenio reconstruya una sexta parte de lo destruido, y esperar a que en otros 5 periodos presidenciales se acabe con el neoliberalismo, y aspirar a que después de eso, el país se encamine a un sistema socioeconómico superior a todo lo anterior.

También podríamos no esperar tanto tiempo, y participar de una manera decidida en la Cuarta Transformación emprendida por el presidente, y en lugar de criticar hasta el mínimo error, mejor apoyar cada medida que tome en favor de esta gran tarea; las críticas dejarlas para los adversarios del pueblo, ellos lo hacen bastante bien; no dejarles la tarea a los demás, la transformación nos incumbe a todos, y si todos participamos, no tendremos que esperar tanto tiempo.