Un enclave zapoteco en el valle del mezquital

Carlos Hernández Reyes

Investigador del Centro INAH-HidalgoNo deja de causar  asombro  el  insólito descubrimiento en Tepeji del  Rio, Hidalgo  de  una tumba  zapoteca,

ya que  esa  cultura  se  desarrolló  en  el  estado  de  Oaxaca. Sin embargo, el monumento  funerario  está  ahí en la zona  arqueológica  de  El Tesoro, es  una  evidencia  material  que  no puede  ser negada;  podrán  variar   la  hipótesis   para explicar  su presencia, pero  su existencia  misma  es un  hecho  concreto.

La tumba está construida de piedra, la ofrenda funeraria está formada por vasijas de  barro  idénticas  a las  zapotecas, tiene   una orientación  Este-Oeste  y  el cráneo  del  personaje  enterrado  se  encontró  hacia  el  poniente.

Centenares  de  fragmentos  de  cerámica  G12  de  color  gris  obscuro, gris claro y  café, estos   últimos  de  clara  manufactura   local  tepejana, también  nos   indican la presencia  de esta  lejana cultura de  Oaxaca en Tepeji del Rio. La G12  es  una  de  las  más  características  de  esa  civilización  prehispánica. Sin  embargo, debemos  informar que este  tipo de  cerámica también  ha sido  encontrado  en San José  Acoculco,  municipio  de  Atotonilco  de  Tula  y en la  zona arqueológica de  San   Miguel  Chingú  del municipio de Atitalaquia. Podemos  plantear para  explicar  la  existencia  de estas zonas  arqueológicas  con este   tipo de cerámica  que  estas   poblaciones  prehispánicas   y su entorno  constituían  un enclave  zapoteco en el   Valle  del Mezquital.

En este escrito primero  relataremos  las  circunstancias  del  descubrimiento, luego nos referiremos a la  exploración  de  la tumba, en  seguida   haremos  una descripción  de la misma  y de  su ofrenda  y la ubicaremos temporalmente en la época que suponemos le  corresponde. Finalmente  plantearemos  algunas  explicaciones  referentes  a la  presencia  prehispánica  de  los  zapotecos en Tepeji  del  Rio.

Pero antes quiero agradecer a las personas que nos acompañaron a la zona arqueológica de El Tesoro cuando nos enteramos de la existencia del monumento funerario. A los periodistas José Antonio Zambrano  y  Ángel Cebrián Lugardo, a  mis  amigos Juan José Iturbe  y su esposa  Rosa Salas  y a su hijo  Antonio  Iturbe  Salas. A Roberto  Jiménez y su familia, vecinos  de la  colonia La  Romera, en  cuyas  cercanías  se encuentra la  zona   arqueológica,  quien  me mostró su colección  de piezas  prehispánicas.

VISITA  A LA ZONA ARQUEOLÓGICA DE  EL TESORO

En una  visita  a la zona  arqueológica  de El Tesoro, de Tepeji, a  invitación  de  periodistas  José Antonio   Zambrano  efectuada  el  pasado  22 de  abril;  visita   por  cierto   largamente   aplazada, pude  observar  que  entre   los  campos  de  cultivo   y  en  las  cercanías de  los montículos  prehispánicos  aparecían  numerosos  fragmentos  de  cerámica  de  un tipo   especial. Frecuentemente  levantaba  yo algún  tepalcate  y les  decía   a mis acompañantes: - este  es  un  fragmento  de  cerámica  zapoteca. su color  gris, aunque   los había  también  cafés, y las  dos  acanaladuras  en la parte  interior  del  borde  me  permitían  identificarlos como correspondientes   a  aquella cultura.  También pude  darme  cuenta del  gran número  de  pozos  de saqueo  y destrozos  que  ha sufrido  la zona arqueológica  a manos  de   gente  sin escrúpulos  que  están destruyendo  el  patrimonio  arqueológico  de  Tepeji  ante  la  indiferencia  general.

Después de  la  visita  a la zona  arqueológica  pasamos  a  la  casa de  Roberto Jiménez a  la  romera, para  conocer  su colección arqueológica. Tiene  figurillas  de  diferentes  épocas, orejeras de  barro, puntas  de  flecha  y  navajas  de  obsidiana,  fragmentos  de  vasos Tláloc del dios   de la lluvia, metates  de  basalto… entre  esas  piezas  destacaban  algunas  vasijas  completas  del mismo  tipo  de  los  fragmentos  zapotecas. Roberto  nos  platicó, después  de  un rato  y de haber  establecido  una  comunicación  franca  y cordial, que  esas  vasijas  las habían encontrado,  haría  cosa de  un año,  en una  construcción  de  piedra  en  que, además, se  encontraba  un esqueleto, añadiendo  a  su  relato   un dibujo  que  aún conservo. Su relato  me hizo  suponer  que  podría  tratarse  de una tumba… de una  tumba zapoteca. Entusiasmado les comente  a mis  acompañantes que  probablemente  estábamos ante un gran descubrimiento  arqueológico. Comunique esta  información  a las  autoridades del Centro  Regional Hidalgo  del Instituto  Nacional  de  Antropología  e Historia  con sede  en Pachuca.  El  29 de mayo,  guiados  por  Roberto  Jiménez, efectuamos  una visita  al  lugar. La  tumba se  localiza  en  una  pequeña  ladera  situada  entre  el cerro de El  Tesoro  que  forma  una saliente   hacia  el   noreste  y  el cerro  La Loma, en la parte  superior  de la  barranca que  los separa. La tumba  se  encontraba  cubierta  de  tierra, limpiamos   parte  de los muros para delimitarla, la medimos, tomamos  unas  fotografías. Luego  tapamos  los  muros de  nuevo.  Me   traslade  a  Pachuca   ya  seguro  de la  existencia  del  monumento  funerario  y solicite un oficio  para  explorarlo, con  copia  para  las  autoridades  municipales de Tepeji.

EXPLORACIÓN  DE LA TUMBA

El miércoles  31 de   mayo  procedimos  a la  exploración  de la  tumba. Como   primer  paso  se  escombro  el  área  donde  se encuentra  y  en  seguida  se  enmarco  con estacas  y  jareta en   un rectángulo  de  3m.  en sentido  Oriente-Poniente  por 2.50 m.  en sentido  Norte-Sur.    Una   losa  plana  de  94 cm.  de  largo  por  77 cm. en su parte  más  ancha  y  un  espesor  máximo  de 16 cm.  de  las  que  probablemente  formaban  el  techo,  estaba  sobre  la  tumba  y a pesar  de  ya  no estar  en  su lugar   original  la dejamos  como referencia  y  aparece en varias  de  las  fotografías  que  ilustran  este  trabajo.

En seguida  iniciamos  la  excavación  con  palas   y  cucharitas  de  albañil. La tierra   era cernida a  medida de que  la  íbamos  sacando. Pudimos  recuperar  dientes  humanos, tepalcates, un fragmento de concha  con  perforaciones. Roberto  nos  había  mostrado   varias  conchas  como ésta  indicándonos  que  las  había  encontrado  en  la  tumba, este  hallazgo  refuerza  la  veracidad  de  su  información. También  recuperamos  una  pequeña  cuenta  discoidal   de hueso, una  punta  de  proyectil  y cerca de la  superficie  un  raspador, ambos  de  obsidiana.

Terminada  la exploración  vimos  que se  trata  de  una  tumba  de  planta  rectangular  que  mide 2.56 m. de  largo  por  56 cm.  de  ancho.  Tiene  86 cm.  de  profundidad. Está  orientada  en sentido  Este-Oeste. Los   muros están  construidos  con  piedras  alargadas  lisas  colocadas horizontalmente  alternadas  con otras  porosas  vagamente  cuadrangulares.

El piso es de lajas planas grandes y delgadas, la menor mide 56 cm.  de largo por 24 cm. de ancho y la mayor 57 cm. en sentido  diagonal  por  65 cm. de ancho. El enlajado  descansaba  sobre  un “firme”  o apisonado  de  lodo  en que  había   algunas  “calzas” para  nivelarlo. Entre  las  piedras de  los  muros  se  observaron   varias  “cuñas”.  En  el  extremo  poniente  se  localizó  un escalón  de  50 cm. de altura  en  relación  al piso, con  una  huella  de  20 cm.,  luego  continua  hacia arriba, pero  solo  por  20 cm.  pues  en  esta  parte   la tumba  no  conserva  su  altura  original.  Antes  de  continuar  quiero  comentar  que  en  opinión  del arqueólogo  Enrique Méndez Martínez, quien  vino  a ver  la  tumba, y  es  especialista  en cultura  zapoteca, el piso  de  lajas  es   un rasgo  del  periodo  Monte  Albán II (100 a 300 D.C.), ya  que  en Monte  Albán  I los pisos  de  las  tumbas  se  excavaban  en  el  tepetate,  es decir  eran  el  tepetate  y en  épocas posteriores en  Monte  Albán III  los pisos  eran  de estuco, el estuco  es  una mezcla  de  cal  apagada, arena  y agua: un mortero prehispánico. Según  el  mismo  investigador,  el escalón   del  lado poniente  de la  tumba  es el  antecedente   de  los  “nichos”  y antecámaras que  aparecerán   más   tarde  en   Monte  Albán   y  dará   origen  a  las  tumbas  cruciformes.

El techo de la tumba estaba probablemente construido con losas   vagamente rectangulares de las que solo se conserva una. Se trata de una típica tumba de “cajón” zapoteca.  

SE RESCATÓ  EL ESQUELETO

Rescatamos, aunque  deteriorados, los restos del personaje  ahí  enterrado. Se  concentraban  en   la  parte poniente  de  la  tumba,  lugar  donde  también  apareció  el  cráneo.  Los   restos  óseos  habían  sido removidos cuando la tumba fue encontrada hace  aproximadamente un año. Estamos en comunicación con  antropólogos  físicos  para que  vengan  a  estudiar  el  esqueleto  y  nos  den  información  sobre  el  tipo  físico  del  individuo  ahí encontrado  y saber  si  comparte  semejanzas  con restos  humanos  encontrados en  zonas  arqueológicas  zapotecas. Esperamos  que  en  un  tiempo  más  o  menos  próximo  podamos  informarle  al  respecto.

LA OFRENDA  FUNERARIA

La ofrenda  ya  había  sido  retirada  por  Roberto  Jiménez  cuando  encontró  la  tumba,  pero  le  pedimos  que  la  trajera  para  fotografiarla  y describirla,  a lo  cual  accedió  amablemente.

La ofrenda  consistía  en  dos  sahumadores,  un  cajete  de  base  plana  y  paredes  divergentes  de  borde  interno  con  dos  acanaladuras,  un vaso  cilíndrico y  fragmentos de  tres ollas   pequeñas de  base plana  con  tres  soportes  de  botón,  cuerpo de  paredes  globulares y  cuello  alto  curvo divergente. Probablemente  el  cajete  pequeño  tapaba  al  vaso  cilíndrico  que  debía   contener  algún  líquido. También  apareció   un  collar  de  conchas  casi  rectangulares  perforadas en  los  extremos  y  una  punta  de proyectil  de  obsidiana.  Ya cerca  de la superficie recuperamos  nosotros  un  raspador  de  obsidiana “verde  botella”  de las  minas  de   nopalillo  de la  sierra de  las  navajas de Pachuca.

LA   TUMBA  ES  ZAPOTECA

Los  sahumadores  de las ofrendas  son  típicamente  zapotecas  e  iguales  a  los  publicados  por  los  arqueólogos  Alfonso  Caso, Ignacio Bernal  y Jorge R. Acosta  en  el  libro la  cerámica de  Monte  Albán, publicado  en  1967.  Son  vasijas  de  tipo  funerario  que eran  colocadas  como ofrenda  a los  muertos.  Los  sacerdotes  que  encabezaban  el  cortejo  fúnebre  llevaban  los  sahumadores  con  brasas  e  iban  quemando  con  ellos  el  copal  y  al  depositar  el  cadáver  en  la  tumba se  los  colocaban cerca  del  pecho. Este  tipo  de  ofenda  siempre  aparece  en  las   tumbas.  El mango  cilíndrico  hueco  y  la cazuela  con  perforaciones  garantizaban  que  la  quema  del copal  se  efectuara  eficazmente.

El  cajete  de  base  plana,  paredes  rectas  divergentes  y  borde  interno  con dos  acanaladuras  corresponde,  como  ya  lo  hemos   dicho,  al  tipo  G12 de Monte  Albán,  Oaxaca.  El  cajete  pequeño  también  tiene  el  borde  interno  con  dos  acanaladuras. El  vaso  es como  los  publicados  en el  libro  de  cerámica  de  Monte  Albán arriba  citado.

Las  ollitas  son más difíciles de  identificar  y parece  que   tienen  influencia  teotihuacana.  Cabe  mencionar  que  las  cerámicas zapotecas de  El Tesoro  aparecen  asociadas  a  figurillas teotihuacanas  y a fragmentos  de  cerámica  de  esta  cultura.  La arqueóloga Guadalupe Mastache considera que  los   habitantes   zapotecas  de  Tepeji debieron  de estar  relacionados  con sus  paisanos del  barrio  zapoteca  de  Teotihuacán,  en  donde   han  aparecido  cerámicas  y  tumbas  así  como  urnas de cerámicas. Las   urnas eran  unos  cilindros  de  barro  en  cuyo  frente  estaba  modelada una  figura  humana  representando  dioses. El arqueólogo Méndez en  su  visita  a  Tepeji   dijo  que  para asegurar  de  manera  más  categórica que  hay  una  ocupación  zapoteca  en El Tesoro  hacen   falta   las  urnas.  Es  una  lástima  que  no  haya  podido  ver  las  vasijas  que  dono  para  el  futuro  museo  de  Tepeji  Luis  Hernández  donde  ha  identificado  varios  fragmentos de  urnas. También José Antonio Zambrano tienen fragmentos entre ellos   una mazorca de   barro  probablemente  del  dios  del  maíz  Pitao  Cozobi.

Como arriba  se  dijo  en  Teotihuacán   había  un  barrio  zapoteco, un  modesto  barrio  periférico   y  los   teotihuacanos  eran  mayoría; sin  embargo en Tepeji  la  situación  era  distinta  la  población  era  mayoritariamente  zapoteca, después seguían  los  pobladores  locales,  probablemente  otomíes y  finalmente  estaban  los  teotihuacanos  como  minoría. De acuerdo  con  sus  restos   materiales   habría  un  65% de  zapotecos,  un  20%  de  otomíes  y  un  15% de  teotihuacanos. Probablemente  los zapotecos  de  Tepeji  era  un  grupo  conquistador.

Pero  volvamos  a la ofrenda. También  apareció  un  collar  de  conchas  más  o  menos  rectangulares  perforadas  en  las  esquinas  posiblemente  de  un collar  que  llevaba  el  personaje  enterrado  en   la  tumba. Son semejantes  a las  de  la  ofrenda  de  la  tumba  de  Cuilapan   de   Guerrero, Oaxaca, explorada  por  el  Dr.  Ignacio  Bernal  en  1954. En  las  tumbas zapotecas aparecen  con  frecuencia  conchas.

Como dijimos  arriba,  la  tumba  de  Tepeji  está  orientada  en  sentido   Este-Oeste  como  sus  homologas de  Oaxaca, también  el  cráneo  del  personaje  estaba  orientado   hacia  el  poniente. La arqueóloga   francesa Laurette  Séjourné  dice  que  las  tumbas   de Monte  Albán  en  un  “ 87% fueron  edificadas  sobre  un eje  que  corre  de  Este  a  Oeste ”.  En relación   a  la  orientación  de  los  individuos  dice  que  “El  87% de  las  veces, la  cabeza  estaba  colocada  hacia  el  oeste” (Séjourné, 1960:80) . La orientación del cadáver es un aspecto netamente cultural.

FECHAMIENTO  DE LA  TUMBA

Podemos   asignarla  al  periodo  Monte  Albán II  (100 a 300 d.C.). Se  trataría  de  una de  las tumbas   más  antiguas  de   los  zapotecos. Sin  embargo  según  la  arqueóloga  Mastache  la tumba  debe corresponder  a los  finales  del  Horizonte  Clásico, es decir  a 650 d.C.  ya que los  zapotecos de El  Tesoro  y  Acoculco así  como los  del   barrio  zapoteco  de  Teotihuacán  al vivir  rodeados  de  pueblos  de  culturas  distintas  se volvieron  conservadores  y  no  evolucionaron  al  mismo  ritmo  que  los zapotecos de  Oaxaca.

Sin embargo piensa el arqueólogo   Méndez que debido a la   gran antigüedad de  la  tumba  de  Tepeji, también  es  posible  que  corresponde  a  la  cultura   olmecoide.  Los  olmecoides  procedían  de  Chiapas  conquistaron  Monte  Albán  y dan  origen  al periodo  Monte  Albán  II  de la  cultura  zapoteca. Se trataría  de  una tumba  almeciode-zapoteca.

En  realidad  Tepeji  tiene  una   gran  antigüedad  de  ocupación  cultural  como  lo estableció la arqueóloga  Carmen  Cook de  Leonard quien  exploro  en  1953  El  Tesoro  y  encontró  restos de  una importante  ocupación  del  horizonte preclásico superior  que se  extiende  desde  500 a.C.  hasta  los  primeros  siglos  de  la  era  cristiana. También  tuvimos  oportunidad  nosotros  de explorar  un asentamiento arqueológico  de ese  periodo  en “El Potrerito”, entre  el pie  de  “La Loma” y  la  Presa  Requena, pero será tema de  otro escrito.

La   tumba  de  Tepeji  sería  la  más  norteña  de  la  cultura  zapoteca  localizada  hasta   ahora. Antes  las  más  norteñas  eran  las  de   Tehuacán, Puebla,  exploradas  por  el  arqueólogo  Eduardo   Noguera  y  publicadas  en  1945 y  las  del  barrio  zapoteco  de  Teotihuacán.

DESCUBRIMIENTOS  ZAPOTECAS  PREVIOS  EN  ESTA  REGIÓN

La  cerámica  G12  es  zapoteca  y  apareció  en  El Tesoro  y  en San José  Acoculco  en  un reconocimiento  de  superficie  del  área  de Tula, durante  el  proyecto  del  mismo  nombre  dirigido  por  el  Arqueólogo  Eduardo  Matos;  esta   información  fue  publicada  por  las  autoras  de este  recorrido, arqueólogas  Ana María  Crespo  y  Guadalupe  Mastache en  las  memorias  de  la  mesa  redonda de Jalapa, en  1975. Más tarde, en 1981 publicaron otro trabajo en que   plantean  la relación  entre  los  pobladores  de  El  Tesoro  y  de  Acoculco  con  gente  del  barrio  zapoteco  de  Teotihuacán.

En  1972, el arqueólogo  Robert H. Cobean excavó un pozo estratigráfico  en El Tesoro, encontrando   fragmentos de  cerámica  de  origen  zapoteco, los cuales  fueron  examinados  por  la  Dra.  Evelyn  Ratray.

Por otra parte la arqueóloga Clara Luz Díaz  Oyarzabal (1980)  exploró  San  Miguel  Chingú, un  sitio  teotihuacano  situado  en  las  cercanías   de  la  refinería  de Tula  y  la  Hacienda  del  mismo  nombre, en que  localizó cerámica  “de filiación  zapoteca”.  Y ahora nosotros  hemos  llevado  a  cabo  en  El  Tesoro, el rescate  de una  tumba zapoteca.

Claro que  no debemos  olvidar  que  en  Tula Jorge Acosta  encontró  una  lápida  estilo  zapoteca  empotrada  en  la  pared  de  una  casa  de  Tula y  nosotros  mismos   hemos  visto  zapotecos  en las  bodegas  del museo  de Tula.

¿QUÉ  HACÍAN  LOS  ZAPOTECOS  EN  TEPEJI?

Según la arqueóloga Guadalupe  Mastache  explotaban yacimientos  de  calizas  para  exportar  cal  a  Teotihuacán,  al  mismo  tiempo  que  constituían  una  avanzada  comercial  en esta  región. Eran  mercaderes  extraordinariamente  audaces  y activos. Uno  de  los  antiguos  nombres  de este  lugar, aunque  en  náhuatl, es  Tianguistengo: “Lugar del  Mercado”. 

Otra  posibilidad que  no excluye  a las  anteriores  es que se dedicaran  al  cultivo  de  la  cochinilla  que  es  un  insecto hemíptero  que  vive  en las  pencas  de  los  nopales  y  del  que  obtenían  el color escarlata  para  el  teñido  de sus  telas. Además  de la  producción  para  el  consumo   interno   la  exportaban. El  comercio  de  este  colorante  era  muy  importante  puesto  que  lo  exportaban  incluso  hasta  Nicaragua, en  Centroamérica, según la arqueóloga  Adela Ramón  Lligué.

Muchas  ideas  que  se  tenían  sobre el  aislamiento  de esta  cultura  y  su  ubicación   muy   definida  tendrán que  replantearse, las  ideas del arqueóloga  John  Padook  referentes a  Monte  Albán  como  capital  de  un  imperio  cobran  actualidad. Cuando  elaboró su  trabajo  y  planteo  esa  hipótesis  lo hizo  con base  en  nuevas  interpretaciones  pero  carecía  de  nuevos  datos  en que  apoyarse, pero dijo:  “sin embargo, la posibilidad  de  dominio cultural, o militar, o de  colonias  zapotecas  todavía  no se  puede  descartar  totalmente”. ¿Sería esta región hidalguense una colonia zapoteca conquistada por los guerreros oaxaqueños?   Las   inscripciones de  Monte  Albán  II  repiten  muchas  veces  el  motivo  del  glifo  de  lugar  del  cual  cuelga la cabeza invertida  de  un hombre,  a  veces  aparentemente  muerto,  probablemente  es la  representación   de la conquista  del  lugar. En  estas   inscripciones  deberíamos de  buscar  el  glifo  de la  conquista  de  Tepeji  por  los  zapotecas.

PALABRAS  FINALES

Como no hubo   posibilidad para  consolidar  la  tumba, restaurarla  y dejarla  descubierta decidimos  taparla  otra  vez, para  evitar   que  fuera  deteriorada y  hasta destruida. Se  volverá  a descubrir  cuando  hayan  las  condiciones  que  permitan  garantizar  su conservación. Se le  dijo  a  Roberto  Jiménez que  no  informe  donde  se  encuentra  la tumba.  No  queremos  que  le  suceda  a este  monumentos  lo  mismos  que  a  otra  tumba  que se  encuentra  en  las  cercanías  de esta, aunque  en  otro   terreno  y  que  fue   brutalmente saqueada  y solo  pudimos  identificarla  por  algunos  restos  de  el  piso  de lajas que  aún  estaba  en su lugar  y  las  grandes  losas  del techo  que  la  cubría. Los  saqueadores  prácticamente  no  dejaron  piedra  sobre piedra. Hacemos  un  llamado, por  este  medio,  a  la  población  de  Tepeji  del Rio, para que  se  convierta  en   guardiana  de  su patrimonio cultural   y   evite  el saqueo  y  la destrucción  de la  zona  arqueológica  de El  Tesoro,  una de  las  más significativas  del  Estado  de  Hidalgo.

DE  ÚLTIMA HORA

En los  trabajos  llevados a cabo  por  la  arqueóloga  Alicia   Bonfil  Olivera  de la  Dirección  de  Salvamento  Arqueológico  del  INAH y sus  colaboradores, se descubrió   en  San Antonio  Acoculco,  municipio de  Atotonilco de  Tula un área  de  ocupación  teotihuacana y zapoteca  que  incluye  además  de  objetos  cerámicos  dos  tumbas zapotecas. Esta   información  fue  presentada por el  arqueólogo  César  Vásquez  en  el  III  Simposio  de  Arqueología  en el  estado de  Hidalgo, evento celebrado  en  noviembre  de  2013 en el  auditorio  Salvador  Toscano  del Centro INAH- Hidalgo de  Pachuca.