Cabecitas del dios xipe tótec “nuestro señor desollado” procedentes de la costa del golfo de México

En la bodega del Centro INAH-Hidalgo se encuentran una serie de  piezas arqueológicas de diferentes regiones y culturas  del país, de las que algunas de ellas, probablemente, se  encontraban en el museo  de la  Universidad  Autónoma  del Estado de Hidalgo;

museo  que fue  inaugurado dentro del programa  de festejos  que  con  motivo  de la celebración  de su  centenario  se  estableció   en la universidad, a solicitud al Instituto Nacional de Antropología e Historia, por su entonces rector Juventino Pérez Peñafiel.  El INAH a través de  su Departamento de Museos Regionales, colaboró en su instalación, según publicó el  etnohistoriador  José  Lameiras.

En la bodega del INAH se resguardan piezas arqueológicas de Tlatilco y de  Teotihuacán, estado de México; de la huasteca y la sierra de  Hidalgo  y también, entre  otras  regiones, de la Costa del  Golfo de México.

De la región de la Costa del Golfo de México hemos seleccionado varias  cabecitas de barro  que  representan a Xipe Tótec, “Nuestro Señor  el  Desollado”  dios  de la  primavera, de la  renovación de la  cubierta vegetal de la  tierra  y de la metalurgia. En la costa del golfo  en el  periodo  postclásico  temprano de  950  a 1200  d.C el culto a esta  deidad tuvo  gran  importancia. 

Para interpretar  estas  figurillas  nos  apoyamos  en los  estudios  del  arqueólogo Alemán  Hermann   Beyer, principalmente   en su   escrito  “¿Guerrero  o Dios? nota arqueológica  acerca de una estatua  mexicana del Museo  de  Historia  Natural  de  Nueva  York” en el que polemiza  con el  arqueólogo  norteamericano Marshall H. Saville quien a una  figuras de  barro procedente de  Texcoco  la  había   interpretado  como de un  antiguo jefe guerrero vestido con una  armadura  de algodón  acolchado. Pero afirma Beyer que esta  interpretación aparentemente  correcta no  coincide con la  figura ya que  tiene   los ojos  casi cerrados   y  la  boca   extremadamente  abierta y  la  supuesta  armadura de  algodón  acolchado  es en  realidad  la piel de  un sacrificado. Las  dos  particularidades señaladas  por  Beyer: los parpados  caídos   y la  boca muy abierta son  atributos  del  dios  Xipe Tótec e inducen  a determinar  la  figura  de Texcoco como una  imagen de esa  deidad.  También se le  notan  claramente  a la estatua dos  líneas verticales  que  atraviesan   toda  su cara  desde  el pelo de la  frente  hasta  la  mandíbula lo  cual es otra  característica  de esta  deidad y son los cortes con que  los  sacerdotes cortaban la cara  de la  piel de la  víctima,  en  tres  partes  una central  y dos  laterales  a  las  que  luego  cosían. Otro  argumento más para  esta  interpretación es la  nariguera en forma de cono  con  dos  hojas  laterales  llamada  yopitzontli.