La plaza de los altares localizada al sur de la gran pirámide de cholula

Carlos  Hernández Reyes

Investigador del Centro INAH-Hidalgo

En  las  exploraciones del  Proyecto Cholula,  llevadas  a  cabo por el  INAH de  1966  a  1971 –aunque en 1965 se iniciaron los trabajos con recorridos de superficie para planear  las investigaciones- 

se descubrió al sur de la gran pirámide una plaza  ceremonial limitada al oriente y poniente por basamentos piramidales colocados  simétricamente y  al norte  por la  gran pirámide.

Al sur  debido  a  lo  erosionado del terreno  no ha  sido posible  encontrar su límite.  Mide 70  m de oriente a poniente por 54 m de norte a sur. En  esta  gran plaza  se  descubrieron 4 altares monolíticos situados en  la  parte  media  de los lados oriente  poniente y norte; otro altar  más  se localizó en  el ángulo  noreste.

Altar 1.-  El día  6 de  octubre  de  1967 a 2 m de profundidad  apareció un fragmento de losa decorado con bajorrelieves representando volutas o ganchos entrelazados. Es  parte  de  un  altar, el  primero que  se  descubrió al  oriente  de la plaza. En realidad  es  una  combinación de  altar  y estela  y sólo por  simplificación  lo hemos  denominado altar. Se encontró roto pero con sus fragmentos mayores in situ. Está formado por dos grandes losas planas; una horizontal de forma cuadrangular y otra vertical unida perpendicularmente a la  anterior.  La  horizontal mide  2.89  m  de  largo  por 2.50 m de ancho y 34 cm de espesor y estaba colocada sobre un  zócalo rectangular  formado  por dos  peraltes  de  poca altura. La losa vertical mide 5.80 m de altura pero  como 1.95 m queda  bajo el nivel de la plaza  empotrada en un cimiento de grandes piedras solo es visible 3.85 m. Es de forma trapezoidal alargada y mide  2.12  m en la parte alta y 1.96 m en la parte baja donde se une a la horizontal formando un ángulo diedro, ya bajo el piso adopta forma triangular y termina en  punta.

La losa vertical está decorada en las orillas con una franja de grecas en bajorrelieve,  que mide 37 cm de ancho, enmarcada en franjas lisas, formando una especie de  marco. Los entrelaces de estas  grecas son  semejantes  a los  que se  encuentran en las paredes verticales  del Juego de  Pelota 1  del  Tajín, Veracruz;  a las  que decoran la  estela  teotihuacana  de  La Ventilla y a las  que  están  labradas en  los  discos  de  pizarra  encontrados  en la  caverna  localizada por  el  arqueólogo Jorge R.  Acosta, a principio de  1972,  bajo  la  Pirámide   del  Sol  en  Teotihuacán. 

La parte posterior de la losa  vertical  no  está labrada, presenta su  irregularidad  natural y  no se  encontraba  apoyada  en ningún edificio sino  en un   macizo  aislado, según pudo determinar el arqueólogo Jorge  R. Acosta por las huellas que aún quedaban en el piso  de estuco.  El macizo,  en forma  de  prisma rectangular, mide:  3.93 m  de largo  norte-sur  por  1.35  de  ancho, oriente-poniente  fue  reconstruido. La losa horizontal tiene labrados los cantos con grecas en  bajorrelieve, semejantes a los de la  vertical.

Antes de empezar  la restauración del monumento, dice  el  arqueólogo  Acosta, se exploró abajo del altar  encontrándose huellas de que el monumento había  sido saqueado de su ofrenda desde tiempos prehispánicos, antes de ser derrumbado intencionalmente.  Este altar-estela está orientado hacia el poniente. La cerámica  asociada  al  monumento  pertenece  a la  fase  Cholula  IV –de 700 dC  a 800  dC- que  marca  el  final de  la  cultura  clásica en Cholula.

El  27 de  febrero de  1968,  se procedió  a la  restauración del Altar  1 principalmente de la  losa  vertical y, se  colocó el  primer fragmento  sobre  la  piedra que estaba   in situ,  después de  ponerla de nuevo  a plomo  y reforzar  la  cimentación.  Se  perforaron los  fragmentos en  los  cantos -en la  parte inferior  y superior- para colocar espigas de  varillas  de acero de  3 octavos  y en una  perforación  en la  parte   posterior  de la  losa  se  colocó otra  varilla  a  manera  de  ancla. Durante  los trabajos  un fragmento   fue  mal pegado y hubo  mucha  preocupación  pues los  restauradores habían dicho que lo pegado  con resina epóxica no podría  ser  despegado después; pero el  maestro  albañil  Leonardo Romero con agua caliente pudo  despegarlo  para  ser  colocado  correctamente. Al mismo tiempo que se procedía a la colocación de los fragmentos los albañiles iban reconstruyendo el  macizó aislado, para que estos  quedaran empotrados  y evitar el peligro de  un  posible  derrumbe.  Colocados  los  fragmentos   se procedió   a  completar las  partes  faltantes   y a resanar  las   fisuras.  Los   trabajos   terminaron el 12  de  junio de 1968.

El  altar-estela,  después  de  su  restauración

Altar 2.- Nos dimos cuenta que se trataba de una gran plaza, aunque completamente  cubierta  en su lado  norte por  una  capa  de  escombro  de  hasta   9 m  de  altura, porque   teníamos una  pequeña  parte  del  límite  poniente y  con un túnel que se  había  excavado   en el  escombro se encontró  el límite  norte paralelo a la gran  pirámide y  el oriente  ya estaba localizado con el Altar 1. Entonces se pensó, dada la simetría de las construcciones prehispánicas, en la probabilidad de encontrar otro monumento semejante en el lado poniente por  lo que se  excavó un  pozo  simétrico  al  que  produjo el hallazgo  del  primer monumento  y  a  2.10 m de  profundidad  apareció  una losa  rectangular que mide 4.23 m de  largo  por  3.97  de  ancho rota en 3 partes; decorada  en  los  cantos con bajorrelieves  representando  serpientes y en  la parte superior  está decorada  con una cenefa de 43 cm con entrelaces de grecas en bajorrelieve en 3 de  sus  lados semejantes a las del altar I.  Este altar estaba colocado sobre una construcción cuadrangular  formada  por  una baja  plataforma de 19 cm de altura sobre  la que se  desplantan  por  tres lados  de la  piedra, 3 escalones; la altura  total de esta base mide 80 cm. Pesa el Altar  aproximadamente 10  toneladas.

En los cantos de la losa están representadas en bajorrelieve de  manera realista un par de ondulantes  serpientes de cascabel con el cuerpo decorado con plumas triangulares representadas con  incisiones, es decir son  serpientes emplumadas. Dice  Acosta:  que “están   colocadas en tal  forma  que van desde  los  extremos  al centro, donde  al juntarse  las  cabezas  éstas voltean hacia afuera viendo hacia los crótalos colocados en los  ángulos”. Esta representación realista de las  serpientes, según  Acosta, permite  interpretar las grecas  de  la cenefa de la orilla  superior,  también como serpientes pero estilizadas, por lo que  las  grecas del Altar 1 también  representan  serpientes.

Acosta considera que este altar estuvo dedicado a Quetzalcóatl lo que nos parece correcto, pero aún  más, nosotros  suponemos ya que los altares están decorados  con serpientes, que  esta  plaza  estuvo dedicada  al  culto   de la serpiente  emplumada.   

El  lado poniente  no está  labrado pues era por  donde  estaba  adosado  a un edificio.  Las grecas de la cenefa superior, son del mismo estilo que las del altar 1. Se pensó que, a semejanza  del primero debía tener en la parte posterior una losa vertical, pero  en  la  exploración sólo se encontró un fragmento de 1.40  m de ancho, quizá  de  otro altar, lo que fue confirmado al explorar  el altar  3.

La baja  plataforma en que se encontraba  colocado el altar fue  explorada por  medio de  un pequeño túnel  encontrando bajo la  parte  central como ofrenda un caracol con dos  perforaciones, Acosta  supone  que este caracol  tenía  las  perforaciones “para  ser colocado  sobre  el  pecho   de  algún sacerdote del culto  de la serpiente  emplumada”  en las ceremonias dedicadas  a Quetzalcóatl. Bajo el lado oriente del altar aparecieron 2 entierros infantiles –uno de ellos el número 203- que  fueron  inhumados  mucho tiempo después, en  el periodo  postclásico ya que por cierto al hacer la excavación para  enterrarlos  fueron dañaron  parte  de  los  bajorrelieves.

Altar 3.-  Este monumento fue explorado por el arqueólogo Eduardo Contreras, es  una losa  semejante  a la del  altar  1.  Se  trazó una  línea entre  el  altar 1 y  el altar 2  y  luego  una  perpendicular  en la  parte  central  hacia  el norte y por medio de  un túnel siguiendo el nivel  del  piso de la plaza   se  excavó entre la enorme cantidad de escombro erosionado de la  parte  alta  de la  pirámide y a  3.50 m  apareció un tercer altar, pero de este sólo se encontró la parte superior rota diagonalmente en la parte inferior, pero  después de observar  el fragmento  aparecido atrás del altar 2 se  vio  que coincidían,  a pesar de estar  separados  por una distancia  de  casi  40 metros. Tiene forma  rectangular y la parte  superior termina  en  triángulo.  Mide  3 m de  alto  por  1.40  m de  ancho y está  decorado con una  franja de grecas de 38 cm en las  orillas, del mismo estilo que  las  que  decoran los otros altares, pero  hay algo que es importante   mencionar  no  fue  terminado de labrar, el diseño no  está  concluido, ya que  varios  de  los  motivos de la parte  inferior   están  en proceso de labrado. 

Altar  4.-  Posteriormente -cuando habíamos dejado de trabajar en el  Proyecto Cholula-  y la plaza estaba  prácticamente  libre  de escombro apareció en el ángulo noreste de  la misma  un  cuarto  altar, al pie  de  una  escalera diagonal   de  acceso a la  parte  alta  de la  pirámide. Tiene forma de columna y está colocado  sobre una  plataforma  cuadrangular  de  tres  niveles,  este altar  carece   por  completo  de  relieves.

Los  tres altares monolíticos están  labrados en piedra  caliza de  Santo Tomás,  Puebla,  como la que fue usada  para   construir  el  Museo  Nacional de  Antropología.  Esta  piedra procede  de  la  Sierra  de  Tepeaca y tuvo  que  ser  transportada  a  Cholula  desde  unos 50 kilómetros  de  distancia.  Son  piedras  grandes  de  muchas  toneladas  de  peso.

Como  estos altares se encontraban fragmentados fueron  restaurados  por Rodolfo  Vallin, Juan René Ramírez y Antonio Carvajal restauradores de la escuela  Paúl Coremans del INAH en Churubusco; como ya dijimos con varillas de acero y resina  epóxica. Los  zócalos y basamentos en que  se  apoyaban también fueron reconstruidos por  el  maestro albañil  Leonardo  Romero  Escobar.

Estos monumentos presentan huellas de violencia y destrucción intencional y se observa  que después de esta destrucción la plaza y la pirámide fueron abandonadas y el escombro acarreado por la erosión de la parte alta de la gran pirámide fue sepultándola paulatinamente en el transcurso de los siglos. Esta es -según el  arquitecto Ignacio  Marquina, quien  fue director del proyecto Cholula  en su segunda  fase- la  última  de  6  plazas  sucesivas. Según el arqueólogo Ponciano Salazar  fue  construida  en  la  fase  Cholula  III-A  del   Horizonte  Clásico  500  años  después de Cristo, aunque  no podemos  precisar  el  siglo  en que  esta  última plaza  fue  destruida, se  ha dicho  que esto pudo ocurrir  en  800 d.C.  Estas   sucesivas plazas  fueron  cubriendo  los edificios laterales  y la cara  sur  de la  pirámide,  a veces  parcial y  otras  totalmente.  En  el ángulo sureste  de la plaza  se  observa  parte  de  una  plaza  anterior: la penúltima. Después de  que deje de trabajar en el Proyecto Cholula,  Ponciano Salazar descubrió en 1969 en una de las subestructuras  de  los edificios que limitaban una plazas anterior en el lado poniente, un extenso mural policromo con la representación de una  escena  ceremonial  de  bebedores  de  alguna  bebida que pudo haber sido  pulque, según el historiador Dionisio  Rodríguez Cabrera. En esta plaza anterior  predominaba  la pintura; en esta última la escultura.

Al excavar entre el escombro  acumulado  sobre la  plaza se  podía  observar  claramente   una  capa  de  ceniza  volcánica  o  pumita  gris,  después  de la  cual  aparecen vestigios  de  otros  pueblos y otro horizonte: El Postclásico.  Esta  ceniza  volcánica   probablemente  del Popocatépetl cayó sobre  Cholula en el año 1000 o  1100  d.C., según  la cerámica asociada que es la plumbate o de reflejos metálicos, cerámica característica de los  toltecas.

La Gran Pirámide de Cholula, según los arqueólogos Eduardo Noguera y Ponciano Salazar que llevaron a cabo en 1955  exploraciones en el Edificio Rojo,  fue  en sus inicios obra de grupos del Horizonte Preclásico Medio  y Superior -Fase  Ticomán de 200 a 100 años a.C.- que tenían una cultura semejante a los pueblos que habitaban la Cuenca de México. Posteriormente sus habitantes estuvieron emparentados con los teotihuacanos de acuerdo con la cerámica encontrada que es  parecida a la teotihuacana,  sin embargo su  arquitectura  es  diferente; estos grupos construyeron las sucesivas  pirámides  y dieron  su  máximo tamaño al  monumento.  Los  grupos  del Horizonte  Postclásico no hicieron ninguna adición importante a la Gran Pirámide. La ocupación se había  desplazado a otros puntos de la antigua ciudad de Cholula, pero de ello nos ocuparemos en otra  ocasión.

Las  fotografías de este  escrito, a excepción  de las   últimas  dos, son del  Proyecto  Cholula. Segundo   periodo  de  trabajos  cuando  fue  su director  el  Dr.  Ignacio  Bernal,  quien  al ser  nombrado director del  INAH dejó en  su   lugar  al arquitecto Ignacio Marquina.