La música prehispánica y las flautas del museo de Acaxochitlán, Hidalgo

Carlos Hernández Reyes. Investigador del Centro INAH-Hidalgo

Las leyendas y mitos de origen náhuatl y el Popol Vuh, de los maya-quiches,

de Guatemala refieren el origen divino de la música la cual está relacionada estrechamente   con su religión y dioses como Macuilxóchitl, dios de la música,  y Xochipilli, Tlazolteotl,  y Tezcatlipoca, dioses de   la música,  el canto y la danza.

Entre los instrumentos musicales más numerosos se encuentran las flautas sencillas, dobles, triples y hasta cuádruples. Las que se exhiben en el museo arqueológico de Acaxochitlán son dobles y reflejan las características musicales de los pueblos indígenas que las fabricaron en esta región de Hidalgo. Las características de los instrumentos musicales, entre ellos las flautas, han sido objeto de estudios minuciosos por diferentes investigadores entre los que destaca Samuel Martí con su obra   Instrumentos Musicales Precortesianos, INAH, 1968.

La música prehispánica según Martí es la expresión de su fe, de sus esperanzas y temores en sus dioses. Sin embargo la música autóctona –al contrario de lo que se dice– no es monótona, ni tiene carácter exclusivamente percusivo, al contrario es música melódica y muy variada, aunque frecuentemente se acompañaba por ritmos dinámicos repetitivos y obsesionantes. Es melódica como lo comprueba el gran número y variedad de flautas que se han encontrado en las excavaciones arqueológicas, ya que la flauta es un instrumento melódico por excelencia. Sin embargo, parece que por razones políticas y psicológicas los antiguos mexicanos optaron por conservar su música basada en su escala tradicional de cinco sonidos que estaba íntimamente ligada con sus ceremonias religiosas, porque no es posible creer que los músicos que fueron capaces de crear y tocar instrumentos tan perfeccionados hayan conocido solamente cinco sonidos. Existen instrumentos que producen esta gama y otras de seis, siete y ocho sonidos, por el empleo de las flautas múltiples que llegan a producir hasta 17 sonidos y acordes de tres o cuatro sonidos. Estas a aseveraciones de Martí pueden analizarse, aceptarse o rechazarse pero lo que es importante es investigarlas y continuar estudiando la música prehispánica.  

La música acompañaba a la danza y formaba parte importante de las ceremonias   y ritos indígenas.  Fray  Bernardino de  Sahagún  en  su  Historia  General de las  Cosas  de Nueva España hace una descripción detallada de los dioses aztecas y de las  ceremonias con que eran celebrados; ceremonias que eran acompañadas de danzas y música ejecutada con diferentes instrumentos musicales como huéhuetl, teponaztlis, carapachos de tortugas percutidos con cornamentas de venado y gran número de  ejecutantes de  flautas.

Sobreviven actualmente en las comunidades indígenas de México, el uso de algunos instrumentos musicales de percusión como el teponaztli, en forma de cabeza de  lagarto, cipactli o monstro de la tierra, usado en las ceremonias  que se efectúan  en  los  cerros  cercanos  a Santa  Catarina, para  solicitar la lluvia  a las deidades ancestrales.

En el museo arqueológico de Acaxochitlán, Hidalgo se conservan aunque fragmentadas algunas flautas dobles de barro que son un testimonio de la música prehispánica que se tocaba en esta región. 

Las flautas, eran llamadas en náhuatl tlapitzalli y son junto con los silbatos de los instrumentos de viento más antiguos que se conocen del México Prehispánico. Son instrumentos de cuerpo tubular con varios orificios, colocados a intervalos regulares que en un principio se hacían  de carrizo pero  las  que  se  conservan hasta  nuestros  días  en  museos y colecciones particulares son  de barro. Hay algunas de piedra pero son ceremoniales y no tenían   un uso práctico.

En  Mesoamérica las  flautas  alcanzaron  un alto  grado  de  perfección   técnica  y  sus  músicos  eran  honrados  y  respetados  por  el  pueblo  y  sus   gobernantes.

Un buen número de flautas tienen el extremo distal como campana pero hay otras donde aparece en forma de animales, de flores y deidades. Como las que encontré  en la exploración de la pirámide del Fuego Nuevo en el cerro de la Estrella de  Iztapalapa, ciudad  de  México, donde  en el  extremo distal  aparece  la cara  de  Tláloc, de Xipe Tótec y de  guajolote, animal  asociado a Tezcatlipoca y también otras  deidades  aztecas,  en  cuyas  festividades  se  tocaban.

Una  ceremonia azteca en  que  las  flautas  eran  importantes  se  llevaba  a  cabo  en  el mes tóxcatl y estaba dedicada a Tezcatlipoca. “En esta fiesta mataban un  mancebo…  el  cual  habían criado por espacio de un año  en deleites, pues decían  que  era  la  imagen  de  Tezcatlipoca… enseñabanle con gran diligencia  que  supiese  tañer  una  flauta”. Tiempo después  “llevavanlo…  a  un  cu (adoratorio) pequeño… llegando  a las  gradas  del cu,  él mismo se  subía por las gradas  arriba,  y  en la  primera  grada   hacia  pedazos  una de las  flautas  que  tañia en el  tiempo de  su  prosperidad y  en  la segunda  grada  hacia  pedazos  otra  y  en la   tercera  otra,  y  así las acababa  todas,  subiendo  las   gradas”. En lo  alto del  cu  estaban  los  sacerdotes  que le habían de  sacrificar y  con un “cuchillo…  arrancabanle  el  corazón  y  ofrecianle   luego  al  sol”.