Xipe tótec “nuestro señor desollado” en Tula, Hidalgo

Carlos Hernández Reyes. Investigador del Centro INAH-Hidalgo

El 12 de octubre de 1997 durante las obras de ampliación del boulevard Tula-Iturbe, se descubrió frente al Hotel Sharon de Tula

una escultura tolteca de piedra que representa a Xipe Tótec “Nuestro Señor Desollado”. Los trabajos de rescate que implementó el Centro INAH-Hidalgo estuvieron a cargo del arqueólogo Osvaldo Sterpone. En estas exploraciones también participó el arqueólogo Elías Rodríguez Vázquez quien junto con Don Refugio Sobrevilla Saldaña director de la Sala Histórica Quetzalcóatl, apoyados  por  la PGR  dieron alcance a un camión de volteo que ya se  llevaba la escultura. Esta  pieza se encuentra actualmente en exhibición  en el museo Jorge R. Acosta de la zona arqueológica de Tula y es  una de las  dos esculturas toltecas de  este  dios que se han  descubierto.

Se  representaba por un hombre  joven que  vestía la piel de un sacrificado que le cubría el  cuerpo como una ajustada  malla y de cuyos antebrazos, a la  altura de las  muñecas, le colgaban unas manos.  Su  rostro  era prácticamente  una máscara  que se amarraba a la  cabeza  mediante  tiras  de  piel anudadas a la nuca. Las  ataduras  se  repetían en la espalda. Un rasgo característico de  este dios son los cortes en la  cara  que van desde la frente  hasta  la  mandíbula pasando por los ojos y que  fueron hechos al sacar el  cráneo del  sacrificado y dejar solo  la piel de la cabeza. Estos  cortes  eran luego cosidos  para  formar  la máscara. Otro rasgo  característico de este  dios  es  el  yopitzontli que es  un cono con  cintas laterales.

Xipe-Tótec “Nuestro Señor Desollado”,  simbolizaba la renovación de la cubierta vegetal de la tierra que se produce en primavera, es también dios de la metalurgia y patrón de los orfebres. También era llamado Yopi el dios extranjero de la Costa del Océano Pacifico, ya que según algunos autores, fue adoptado de los yopi-tlapanecas de  Guerrero.

Otra  representación de  Xipe  Tótec  descubrió el 30 de noviembre de 2009 el  arqueólogo Luis Manuel  Gamboa  en los  trabajos  de  rescate que llevó a cabo en la excavación de un drenaje en un predio de la colonia  Lomas del Salitre de Tula,  se trata  de una  escultura de  barro que  mide 80  cm de  altura y es  aparentemente  tolteca.

En el Horizonte Postclásico Temprano de  900 a 1200 años d.C.  aparece entre los toltecas Xipe Tótec representado en las pinturas rupestres de la Barranca del Diablo, en  Ixtapantongo, estado de México.

Pero es el postclásico tardío, entre los aztecas 1300  a 1500 años d.C. cuando el culto  a esta deidad alcanza su máxima expresión como lo refieren las  crónicas de  Fray Bernardino de Sahagún y Diego Durán, quienes describen a este dios y relatan las ceremonias que en su  honor   hacían  los  aztecas.

Afirman que el segundo mes azteca, que coincidía con el 18  marzo del calendario cristiano y con el  solsticio de  primavera los aztecas se llevaban a cabo la ceremonia llamada  tlacaxipehualiztli o desollamiento de hombres.

El primer día  se efectuaba el  tlacacaliztli  o flechamiento ritual de prisioneros. Los cautivos  eran colocados  en estructuras rectangulares de  madera y atados de pies y manos y al ser flechados su sangre  corría  sobre la tierra  para fecundarla. Después se les  sacaba el corazón que era ofrecido al sol y enseguida los sacerdotes con filosos cuchillos de obsidiana le  arrancaban la piel que era vestida por jóvenes guerreros quienes al vestirla se convertían en imágenes vivientes del dios. Para que pudieran vestirse la piel le dejaban algunas aberturas en la espalda, pero las manos y los pies  quedaban colgando.

Al día siguiente -ante un público multitudinario- se efectuaba el sacrificio gladiatorio,  Tlahuahuanaliztli  o “rayamiento”.  Se  ataba al prisionero del tobillo o la cintura a  una  piedra discoidal  llamada temalacatl, que  era una gran  piedra redonda a manera de rueda de molino que tenía en medio un agujero. Era un guerrero que había destacado por su valentía  y arrojo  en  los  combates y tenía que pelear sucesivamente con cuatro de los más diestros capitanes aztecas -dos guerreros águilas y dos guerreros tigres- perfectamente armados, mientras que al cautivo le  proporcionaban  armas  que  en lugar  de navajas de obsidiana tenían  plumas.  El temalacatl estaba colocado sobre  una  plataforma cuadrada y alrededor de ella se colocaban en primera fila los sacerdotes ricamente ataviados como dioses aztecas, después los músicos quienes entonaban cantos guerreros que acompañaban con música de teponaztles, el retumbar de los huehuetls o tambores verticales y el sonido estruendoso de las  trompetas de  caracol. Finalmente estaban las  multitudes  enardecidas.

Este  sacrificio gladiatorio era la culminación de los ritos guerreros y el pueblo asistía en masa a ver pelear a sus guerreros más valientes contra los más aguerridos enemigos de otras  tierras, aunque estos estuvieran  en  desventaja. En las raras ocasiones que el prisionero resultaba  vencedor se le premiaba nombrándolo gobernante de alguna provincia lejana. Tlahuicole, guerrero capitán del ejército tlaxcalteca, venció a 7 oponentes. No todas las víctimas  eran prisioneros de guerra, también eran sacrificados numerosos  esclavos.

Quienes  vestían la piel de  los desollados  las  traían durante   20  días – un mes  azteca-  y al final se la quitaban  y la enterraban en un cuarto que estaba en el templo Yopico  o en una  cueva. Estas ceremonias  estaban destinadas a  procurar la renovación de la vegetación en primavera y de su exacta observancia dependía la sobrevivencia y el bienestar de la comunidad.

Otra representación de Xipe Tótec  la conocimos  el 13 de  julio del  año  2000 cuando  visitamos el museo  de la  Casa de Cultura de Villa de Tezontepec. En este recinto se exhiben diversos objetos arqueológicos localizados en el  municipio, de los que llamó nuestra atención un fragmento de brasero ceremonial de barro decorado con representaciones modeladas del dios  desollado. Conserva  restos de  pintura roja, azul y amarilla. Presenta  un friso en que  aparecen  modeladas,  de  izquierda  a  derecha – punto  de  vista del  observador-  una  flor  de  ocho pétalos,  una cara  de  Xipe- Tótec,  otra  flor   más  y otra cara de Xipe- Tótec. Las caras son de forma  triangular, aparecen  bien modeladas  y  sobresalen  2  cms  del  fondo. Ostentan  el  tocado formado   por  un conito vertical  rodeado  en la  base  por  una  delgada  cinta en relieve  de  la que se  continúan a cada lado de la cabeza un par  de  cintas  triangulares alargadas terminadas en los extremos en forma  de “cola de golondrina”. El tocado es el yopitzontli, uno de los  elementos iconográficos característicos de Xipe-Tótec. Los ojos son meras rendijas horizontales formadas por los  párpados sobre las cuencas oculares vacías. La nariz es pequeña y  ligeramente aguileña. La  boca, que  aparece muy  abierta,  es una gran cavidad casi circular cuyos labios, meros bordes, se proyectan hacia el frente dando la apariencia de hinchazón.  Carece de  mandíbula  y en su lugar sólo aparece  la  piel flácida y colgante. Este  brasero debió usarse durante la fiesta del tlacaxipehualiztli  para  quemar copal  en  el  templo  de  esa deidad. Un templo de Xipe-Tótec debió existir en alguna todavía desconocida zona arqueológica de Villa de  Tezontepec.

Según el etnólogo  Miguel   Acosta Saignés, la  ceremonia del  tlacaxipehualiztli, en honor  del dios  desollado, se debía  a que “las  áreas  del maíz mantenían  poblaciones que conocían sólo una agricultura rudimentaria, así  fuesen capaces los pueblos de fabricar andenes en los cerros o chinampas en los lagos. La imposibilidad de grandes fertilizaciones, de remoción  de las  capas superficiales del suelo, de controlar inundaciones o sequías mantenían a los pueblos del maíz en una tensión permanente que encontraba cauce en angustiadas  religiones, llenas de sacrificios para propiciar a los dioses y de ceremonias para  coadyuvar al ritmo que la naturaleza debía mantener para que la  fertilidad  se conservase”. 

La escultura de piedra de Xipe Tótec del boulevard Tula-Iturbe Sur, y el Xipe Tótec aparecido en el  rescate  arqueológico  de  Lomas del  Salitre  prueba   que  el culto a este  dios de  la primavera lo llevaban a cabo los toltecas de tula y continuó entre los aztecas como lo demuestra el fragmento de brasero ceremonial  de  Villa de  Tezontepec.