Un entierro del posclásico explorado en Xiquila, Huasteca Hidalguense

Carlos Hernández Reyes/Investigador del Centro INAH-Hidalgo/Segunda de dos partes

      La  presencia  de  acompañante   no  ha  sido   documentada   en  la  huasteca  y  para   ejemplificar  

con  un  patrón   de  entierro  semejante   tenemos  que  referimos a  Tlatilco, estado  de México, lugar  donde  según  el  arqueólogo   Román  Piña   Chan  los  grupos  aldeanos “tenían  la  costumbre  de  enterrar  a las    mujeres  de   importancia   en  compañía  de  la  otra  persona  - hombre, mujer, niños- y  también hacer  sacrificios, derivándose  quizás  de  esta  misma  costumbre cierto  canibalismo  de  carácter  ritual. También en Tlatilco se   tenía la costumbre   de emplear en los enterramientos cinabrio, pigmento parecido al que se encontró cerca del cráneo del entierro de Xiquila, dice el arqueólogo Alberto Ruz que “la presencia de pintura roja […] constituye un rasgo muy difundido en Mesoamérica”.  El color rojo “corresponde al Este   en la cosmología   maya y mexica, dirección en la que cada   mañana sale el sol, resucitando después de su   tránsito nocturno en el mundo de los muertos […] era   pues un   símbolo de resurrección”.

La ollita   zoomorfa, quizá un tejón, con asa vertedera es llamada por los indígenas ollul. –es un ollul, dijeron cuando sacaban los   fragmentos   y les preguntamos que era.  Se   trata de una vasija en forma de animalito sedente en que la cola, unida a la parte posterior   de la cabeza, forma un asa vertedera.

Respecto   al cascabel de cobre Meade reporta el hallazgo de uno, él lo llama campana de cobre, encontrado en “tumbas” de La Pedrera paraje   cercano de los cúes de la zona arqueológica   Huasteca de Las Flores en Tampico. Por su parte Ekholm localizó en el entierro 7 de  las   flores  cuatro  pequeños  cascabeles del  mismo metal. Dos cacabeles,   uno de ellos con la  representación del  rostro de  Tláloc  y  una  máscara  fueron  encontrados  en la  zona  arqueológica de   Tamuin, San  Luis  Potosí. Tanto  Ekholm  como  Meade  sitúan  los  cascabeles  en  el  periodo  Huasteca  V  que  se  correlaciona con el nivel  tolteca  del  México  Central;  pero  no  estamos  de  acuerdo  con ese  fechamiento   ya  que  ni siquiera en Tula   han  aparecido  cascabeles de  cobre  de  época  tolteca; los  que  se han  encontrado  corresponden a  la  época  azteca.  Nosotros  hemos  excavado en Tula  durante  varios  años y tampoco  hemos  encontrado objetos  toltecas  de metal. Es  probable  que  los  cascabeles   hayan llegado  a  la  Huasteca  procedentes  del  Occidente  de  México  donde  han  aparecido  en  Tzintzuntzan, que  según  Marcia  Castro  Leal fue  la: “ capital de  uno de los señoríos  más  famosos  por  sus  trabajos  de  metal… la  mayoría  de  ellos  como ofrendas  en  entierros”. Llegaron  los  objetos   metálicos  a  la   Huasteca   y   también la idea  de  su   uso. Meade  hacía  notar  que  los cascabeles  de  cobre   de  la  huasteca “se han  encontrado… como  ofrendas   mortuorias”.

Podemos  llegar  a  la   siguientes  conclusiones: el  entierro  de  Xiquila  corresponde  a  un  individuo femenino  de  entre  veinte  a  veinticinco  años  de edad  con  un acompañante  masculino adolecente (¿sacrificado?). Estaba   en  decúbito  dorsal  flexionado,  enterrado   bajo el piso  de  estuco  de  una  casa. Se  le  colocó cerca  del  cráneo  pigmento  rojo de cinabrio, así  como  una  vasija  zoomorfa  y  un cascabel  de  cobre  como  ofrenda. Podemos  asignarlo cronológicamente al  periodo  Huasteca VI  (1 300-1 500 d.C.). La comunidad  actual de  Xiquila está  asentada   sobre   el  área  habitacional  de  una  zona  arqueológica  y  al  otro lado  del  rio Candelaria  se  encuentra  el área  monumental; de este  sitio  proceden   algunas  esculturas  de piedra  que  se  encuentran  en  el  Museo  Nacional de Antropología.

Los  objetos  del  entierro de  Xiquila  fueron  llevados  posteriormente a la  ceramoteca  del INAH en  Tecamachalco, Estado  de  México,  entonces  a  cargo  de la  arqueóloga  Florencia  Müller, los  restos  óseos  quedaron  depositados  en  el Centro   Coordinador  Indigenista  de  la  Huasteca en Huejutla.