Una cabeza de Ehécatl dios del viento y una taza colonial de San Andrés Epazoyucan

 Es probable que la cabeza de Ehécatl-Quetzalcóatl haya sido desprendida de su cuerpo al ser destruido

algún basamento piramidal cercano y fue utilizada como relleno de este patio.

  Porque al no encontrase, una capa prehispánica en esta parte del convento - que estaba rellena de escombro-  tal vez porque no se excavó lo suficiente, no  pudo comprobarse la   hipótesis del  profesor  Rafael  Abascal  ex  director  del Centro INAH-Hidalgo, quien planteaba que este  convento está  construido  sobre  una pirámide, como lo  hace  suponer  el  frente donde se  aprecian algunas  escalinatas al parecer prehispánicas.

La taza colonial de cerámica, tanto en el interior como en la superficie, presenta un acabado vidriado de color verdoso, mide 14 cm de altura por 13.5 de diámetro. Tiene un asa cilíndrica vertical.  La pieza está prácticamente completa, sólo tiene en el borde una pequeña rotura angular. Corresponde a la época colonial cuando estaba en funcionamiento el exconvento de Epazoyucan, notable por sus magníficas pinturas del siglo XVI.

Se localizaron en esta apresurada remoción de tierra gran cantidad de fragmentos de cerámica, muchos de los cuales fueron rotos al momento de la excavación que se llevó a cabo sin ningún control y además rompiendo algunas piezas o fragmentando más las piezas rotas, sólo se escapó  intacta la  taza colonial descrita que  también  ya se  encuentra  en la  bodega de arqueología. Estas excavaciones deben llevarlas a cabo especialistas en arqueología histórica o conventual para no destruir  la evidencia de la  época colonial. Los  fragmentos de cerámica   fueron arrojados  al  basurero local  donde  los  fuimos a  juntar  el  señor  Antonio Ángeles  y yo, aunque solo  pudimos rescatar  una  pequeña  parte.

La información de estos  hallazgos nos  fue  proporcionada  por  el arquitecto  Sergio  Camarena  y  fuimos  comisionados  para  asistir  al  lugar   por el  Lic.  Miguel Ángel Caraveo, entonces director del Centro INAH-Hidalgo. Ya en las instalaciones del INAH los materiales cerámicos fueron cuidadosamente lavados, guardados y posteriormente  identificados por el  arqueólogo Eladio Terreros Espinoza, quien además tuvo a bien enviarnos  una serie de  publicaciones sobre cerámica colonial.