Pinturas rupestres aztecas de Ajacuba, Hidalgo

Carlos  Hernández Reyes/Investigador del Centro INAH-Hidalgo

Es una cavidad natural de 2.90 m. de altura cubierta por una especie de cornisa o alero que sobresale 3m. y enmarca perpendicularmente la parte superior de una superficie rectangular ligeramente convexa de 6.30 m. de largo por 1.30 m. de alto, de gran regularidad, donde fueron pintados los motivos; la parte inferior, 1.60 m del frente del abrigo, es muy irregular, de una especie de tezontle rojizo, a diferencia de la parte superior que es regular y de roca basáltica.

El abrigo rocoso es llamado por los vecinos La Peña del Dibujo, debido a una serie de pinturas rupestres de color blanco plasmadas directamente sobre la roca. Francisco Javier Clavijero en su Historia Antigua de México refiere la preparación de la pintura blanca a base de la piedra chimaltizcatl después de calcinada; para dar firmeza a sus colores los indígenas usaban el jugo del tzautli (una orquídea) y el aceite de chía. La piedra que menciona Clavijero debe ser una caliza. Cal apagada, jugo de orquídea y aceite de chía son los ingredientes de la pintura blanca. Fernando Martínez Cortés lo llama tzacuhtli y dice que es el principal adhesivo que usan los nahuas como pegamento o aglutinante. Citando a Francisco Hernández se refiere a este producto “que usan los indios y principalmente los pintores, para adherir más firmemente los colores de suerte que no se borren fácilmente las figuras”.

Este refugio rocoso debió funcionar como un adoratorio natural para llevar a cabo ceremonias mágico-religiosas dedicadas a los dioses aztecas, entre ellos a Ehécatl – Quetzalcóatl, dios del viento, o a Xiuhtecutli, dios del fuego. En México, según el prehistoriador Pedro Bosch-Gimpera, se hallan representaciones de arte rupestre que entran de lleno en el simbolismo de las altas culturas, apareciendo en ellas divinidades de las religiones mesoamericanas.

La pintura rupestre surgió en la región franco cantábrica de Europa (sureste de Francia y norte de España) en el Paleolítico Superior entre 40,000 y 10,000 años a.C. y de ahí se fue difundiendo durante milenios a todos los continentes: África (Sahara), Asia (Siberia), América (Patagonia) y Oceanía (Australia) con los grupos de cazadores que la utilizaban en sus ritos mágicos propiciatorios de la caza.

Es un arte asociado a grupos de cazadores cuyo propósito era favorecer la caza de animales. A fines del paleolítico, hace 10,000 años, la pintura rupestre ya había llegado a la Patagonia Argentina como lo prueban las pinturas de la cueva de los Toldos asociadas a una cultura de cazadores paleolíticos, estudiadas por el prehistoriador Oswaldo Menghin.

Cuando en 1969 el Señor Francisco Becerra Monzalvo –entonces presidente del Comisariado Ejidal- nos mostró las pinturas éstas se encontraban más completas. Ahora la pirámide pintada ya no existe pues la roca en que se encontraba ha sido desprendida por manos vandálicas y el resto de los motivos han sido  más dañados con letreros y raspones. Para proteger este refugio rocoso la coordinadora de la Casa de Cultura de Ajacuba, Elsa Becerra Acosta solicitó una beca del PACMYC para colocar una reja de metal y proteger las pinturas. También colocó otra reja en la Peña del Águila que es otro refugio rocoso decorado con pinturas polícromas que se localiza en el cerro de enfrente.

Las pinturas rupestres representan: grecas escalonadas, una pirámide de doble escalinata, un templo doble,  mariposas estilizadas, el tonallo, símbolo solar, son motivos que aparecen en códices, edificios, cerámica (sellos, vasijas, malacates) y esculturas aztecas. Por lo que podemos  asignar las pinturas rupestres de la Peña del Dibujo a la cultura azteca que floreció durante el Horizonte Posclásico Tardío de 1300 a 1500 años d.C. aunque como tenemos el dato de la conquista de Ajacuba por los aztecas podemos precisar mejor la fecha de estas pinturas y ubicarlas cronológicamente de 1440 a 1500 años d.C