Un entierro   preclasico   descubierto  en   El Potrerito, Tepeji  del Río, Hidalgo

Carlos  Hernández Reyes/Investigador del Centro INAH-Hgo.

 En agosto y septiembre de 1989  llevamos a cabo en  Tepeji del Río,

en el paraje llamado El  Potrerito,  situado al pie del cerro  La  Loma  y  la orilla de la  presa  Requena la excavación de rescate de  un enterramiento humano y, posteriormente, de un pozo estratigráfico. En ese lugar  apareció, con motivo de las  fuertes  lluvias que ocasionaron  deslaves, un esqueleto humano prehispánico. Los hermanos Ángel y Mario Bautista vecinos de La Romera, colonia cercana al lugar, vieron el esqueleto y fueron quitándole cuidadosamente la tierra y notaron  que cerca del cráneo tenía dos vasijas de barro: una  ollita  negra con cuello cilíndrico y  un cajete  café de tres  soportes. Retiraron las  vasijas para que no fueran  robadas y colocaron sobre el esqueleto  un costal  y un  poco de  tierra. Después le avisaron a José Antonio Zambrano, periodista de Tepeji, quien nos informó  del  hallazgo por medio de una llamada telefónica. Puse  en conocimiento lo anterior al licenciado José Vergara, entonces Director del Centro INAH-Hidalgo en Pachuca, quien me comisionó para llevar a cabo la exploración del enterramiento.

El martes 1 de agosto me dirigí al lugar, y fui apoyado en los trabajos de excavación  por                      José Antonio Zambrano, Juan  José  Iturbe, Jorge Alberto Iturbe  Salas y Ariel  Herrera. También nos  ayudaron en alguna ocasión  Juan José Ocadiz, José  Iturbe  Salas, Mario y Ángel Bautista, Roberto Jiménez   y sus  sobrinos, Ángel Vázquez  y Reynaldo “N”. Se marcó un cuadro  delimitado  con jareta, orientado  hacia  el   norte  y dentro de  el quedó el  enterramiento.  El agua de la presa  por las constantes  lluvias subía rápidamente  de nivel por lo que el rescate se llevó a cabo prácticamente dentro del agua. Después de dibujarlo y fotografiarlo procedimos a sacarlo. En esta labor fue muy eficiente la colaboración de  Juan José Iturbe, quien   prácticamente del agua fue sacando  poco  a poco  los  restos  óseos,  mientras  que  Zambrano iba  anotando los datos del  enterramiento  que yo le dictaba.

El esqueleto estaba en decúbito dorsal es decir  “boca  arriba”, con las piernas  flexionadas y el  cráneo  orientado hacia el norte. Se trata de  un entierro  primario, es decir   que al momento de la exploración  mostraba  los huesos en  posición anatómica; es  un adulto  de  sexo masculino. Tenía  una  ofrenda  de vasijas de  cerámica: un cajete  trípode y una ollita. La  ofrenda  nos indica que  estos antiguos  pueblos creían en una vida  ultraterrena; también se encontraba un fragmento de  cinabrio que es un óxido de hierro, que  produce   una  pintura  roja y que era  utilizado para  dar al cuerpo apariencia de vida, y  creían que  le  ayudaría al muerto a  resucitar en otra  vida, este  es  otro rasgo de  los  entierros del preclásico.  El  culto a los muertos según el  filósofo inglés  Herbert Spencer es el origen de las religiones. En las culturas prehispánicas de México más  recientes este culto  evoluciona  hasta una serie de rituales funerarios  muy elaborados  y a la  construcción  de  tumbas monumentales.

El cajete trípode es de barro café  rojizo, tiene cuerpo de silueta compuesta, es decir  la mitad  superior es  cóncava  y la  inferior  convexa y está  decorado con diseños  triangulares  rojos  y blancos sobre  el  borde  interior, tiene soportes huecos en forma de  piernas  bulbosas  globulares con un pie plano de  cuatro dedos en la base. Vasijas  como éstas  fueron  encontradas  por el  arqueólogo George  C. Vaillant en las  exploraciones que llevó a cabo en Ticomán, D.F.  sitio del  Preclásico Superior.  Según  Carmen  Cook de Leonard, arqueóloga que  exploró la parte alta del cerro La Loma a mediados de  1952, los restos preclásicos de Tepeji están relacionados con  las culturas de la región del Occidente de México, principalmente con la de Chupícuaro, Guanajuato. Esta cultura durante el Preclásico Superior difundió  su influencia en la región del México Central, que comprende el Distrito Federal y los actuales  estados de México,  Morelos, Tlaxcala, Puebla  y el sur de  Hidalgo. Aquí fue  tan  intensa la influencia  que Tepeji  ha sido considerado  una  aldea   satélite  de  Chupícuaro. 

La ollita  es de  barro negro, tiene  cuerpo  globular  y cuello cilíndrico divergente y presenta entre  el cuello y el cuerpo una perforación intencional. Según las creencias  prehispánicas como la vasija  tiene “alma” y va a ser ofrenda para un muerto, también debe estar “muerta” y para ello  le hacían una perforación, para que por ahí escapara el alma de la vasija. Es una vasija “matada”, esta  idea  religiosa propia de las creencias animistas, sobrevivió hasta épocas tardías en las culturas  prehispánicas.  El enterramiento humano  de  El Potrerito de acuerdo  con la ofrenda asociada que fue entregada  por  Ángel Bautista para el futuro museo arqueológico de Tepeji, corresponde al  Preclásico Superior de 500 años aC a 100 años dC, una de las etapas culturales más antiguas de Hidalgo.