Objetos prehispánicos de oro, cobre y bronce localizados en el estado de Hidalgo

Carlos  Hernández  Reyes Investigador del Centro INAH-Hidalgo. Un hallazgo  importante  fue  el que llevó a cabo  en  2003  el  arqueólogo Juan Carlos  Equihua en  un  rescate  en  el paraje conocido como el  Salitre  donde  exploró  un  entierro  humano  con  una  ofrenda   de dos  anillos  se  trata  de  un  anillo  probablemente  de  tumbaga, liso  cuyas  medidas  son   17 mm  por  4 mm de  espesor  y  un   milímetro de  grosor

y  un  segundo  anillo  posiblemente   de  una  aleación  de  oro  con  cobre   con  dos  bandas  enmarcando  un  diseño  repetitivo de  figuras  en  forma  de  S de  un  centímetro  de largo colocadas  horizontalmente  están  fundidos   a  la  cera  perdida,  en   falsa  filigrana  y  además   asociados a  un cántaro de cerámica Plumbate (pronúnciese plómbeit) con motivos  antropomorfos; se trata de un hallazgo de objetos de metal, único hasta ahora en contexto tolteca.  En Tlahuelilpan Joyce reporta el hallazgo de un cascabel de oro y en Ajacuba aparecieron pequeños punzones de cobre, y nosotros pudimos ver un hacha de cobre procedente del Gorrión paraje cercano a Ajacuba. En las excavaciones de la zona arqueológica de Tula se han descubierto cascabeles y agujas   de cobre de época azteca. 

 Pero es en la huasteca donde han aparecido más objetos de metal; en Yahualica desde el siglo XIX se han reportado objetos de metal encontrados en tumbas y algunos vecinos conservan excelentes ejemplos de cinceles de cobre que hemos podido fotografiar. También en Xiquila, municipio de Huejutla, apareció en un enterramiento humano un cascabel de cobre como ofrenda. Guy Stresser Péan considera que la Huasteca fue un área independiente de producción metalúrgica como lo atestiguan los numerosos hallazgos de cascabeles de cobre algunos con representaciones del dios de la lluvia.

Se resguardan en la bodega del  Centro INAH-Hidalgo, dos de las hachas de bronce que proceden de Tamanzunchale, San Luis Potosí, población de la Huasteca potosina, que limita con la Huasteca hidalguense. Sin embargo el hallazgo más relevante de metalurgia efectuado hasta ahora en Hidalgo es el de un molde para colar hachas de bronce localizado  por el Sr. Jesús Islas en Cubitos, zona arqueológica de Pachuca.

El molde, encontrado por el señor Islas, tiene  forma de prisma cuadrangular, está labrado en una piedra volcánica llamada localmente xalnel, que es una especie de tezontle de color gris. Mide 22.5 cm. de largo por 14 cm. de ancho y 9 cm. de espesor. En una de sus caras mayores presenta una cavidad para colar hachas  y en la cara opuesta una cavidad para colar cinceles. El molde para hachas aún conserva restos de metal evidencia de su uso continuo; el molde para cinceles presenta huellas de haber estado expuesto al fuego. Se colaba un hacha, el molde se volteaba y se colaba un cincel y así sucesivamente. Sólo tenemos noticias de otro molde para hachas que se encuentra en el Museo de Morelia, Michoacán. Se trata de un molde abierto, a diferencia de los moldes cerrados que se usaron para colar los cascabeles de cobre o de oro. Sobre un  núcleo de  barro  y carbón  se modelaba con cera el cascabel, después se le recubría con una fina capa de arcilla mezclada con carbón, y finalmente con mucho cuidado se le recubría de barro, dejando previamente un conducto cilíndrico en el que se vertía el metal. El metal fundía la cera y tomaba la forma del molde, después éste se rompía, se extraía la pieza y se corregían sus imperfecciones. Esta técnica es conocida como fundición a la cera perdida.

En Mesoamérica el oro, la plata, el cobre y el bronce  fueron usados  principalmente  para  fabricar objetos  suntuarios como cascabeles, cuentas de collar, pectorales, pinzas para depilar, anillos, pendientes, diademas, mascarillas, aunque también hicieron agujas, por lo que el uso del metal poco impactó en el desarrollo tecnológico de los pueblos prehispánicos. Sin embargo los tarascos sí emplearon el cobre y el bronce para herramientas utilitarias y elaboraron hachas, cinceles, escoplos, anzuelos y sobre todo herramientas para el cultivo como coas y azadas.

Las técnicas metalúrgicas mexicanas se difundieron desde Perú por la costa del Pacífico y llegaron a las costas de Michoacán, Colima, Jalisco y Nayarit. La región andina fue el centro metalúrgico de mayor importancia en América prehispánica y posiblemente el primero. Entre los tarascos la metalurgia mesoamericana llegó a su máximo desarrollo.

Respecto del origen de la metalurgia Paul Rivet consideraba que las técnicas eran autóctonas de América; pero Robert Heine–Geldern dice que la metalurgia es demasiado compleja para haber sido inventada más de una vez, que no es posible que un método tan ingenioso como la fundición a la cera perdida pudiera concebirse y desarrollarse en dos lugares diferentes. Heine-Geldern escribió un estudio denominado “El origen asiático de técnica de metal Sudamericano”. Este investigador consideraba que la historia de las culturas americanas sólo puede comprenderse como parte de la historia mundial.