Mixcóatl representado en un disco tolteca de concha

Carlos Hernández Reyes/Investigador del Centro INAH-Hidalgo. El disco tolteca de concha con la representación de Mixcóatl  se  encontró  en  una zona   arqueológica cercana a San Marcos, poblado que se localiza  al  suroeste  de  Epazoyucan,  Hidalgo.

Las  maestras  Dolores  Ruiz  Rivera  y Marcelina Petra  Chávez, promotoras del Programa de Museos Comunitarios del INAH-Hidalgo, tuvieron conocimiento de la  existencia  del  disco,  al  hacer el montaje  de  un museo comunitario en el exconvento Agustino de San Andrés  Epazoyucan.

Es  un disco de concha de caracol,  un  poco  achatado  en la parte superior e  inferior y es  algo cóncavo, ya  que tiene ligeramente elevada  la orilla  derecha  e  izquierda. Es  de color  rosa claro  y su aspecto es brillante, a excepción de  la parte derecha  donde presenta una pátina  amarillenta  obscura   que  dificulta  la  observación   de  los   diseños. Mide  99 mm de alto  por  102 mm   en sentido horizontal; se ha  considerado  altura  el eje  vertical   de la  figura   humana  de pie.

El motivo principal es  una figura humana  que  ocupa   desde  la parte  inferior de la  faja   perimetral  hasta la parte superior y tiene como fondo una  ondulante  serpiente de cascabel, adornada con volutas. La  figura está representada de frente, con la cara de   perfil  volteada  hacia la derecha.  Ostenta un tocado, al parecer  de  tela, decorado con pequeñas volutas. En la cabeza  tiene un disco con dos plumas grandes ovaladas, inclinadas hacia atrás; se trata  del  cuauhpilolli  o  “colgajo  de  plumas  de águila”.  Sobre  el pecho lleva un  pectoral de  mariposa  como los que ostentan  las  cariátides  de Tula, y que es  uno de los   elementos  característicos  de  los guerreros   toltecas.

El  brazo derecho del personaje aparece cubierto  de  una especie  de  ichcahuipilli que  es  una  banda  de  algodón  rellena  de  sal para  protegerse  de  los   golpes  de  los filos  de obsidiana  de  las  macanas siendo  en  este caso  es de  piel de  venado.  Figurillas de guerreros  de Tula, modelados  en arcilla   ostentan esta  arma defensiva. Del hombro sobresale verticalmente  un cuchillo de  hoja triangular, del que se nota  parte del mango. En la mano derecha empuña “un arma  curva”, semejante  a las  que llevan  las  cariátides   toltecas.  La  arqueóloga  Clemence Coggins, quien las encontró en el  Cenote  Sagrado de Chichén Itzá, Yucatán, y son de madera como Acosta lo suponía, las  llama  “palos  defensivos”. Son parte del  equipo  bélico tolteca. Con esa mano sostiene  también dos  largos dardos.

El personaje viste  una especie  de  faldilla sujeta con una faja  ancha que se  amarra  al frente   donde  se nota  el nudo circular del que caen a los lados  dos cintas  que terminan  en forma de “cola de golondrina”. En las  piernas, un poco abajo de las  rodillas, tiene vendas de  algodón enrolladas  y atadas  con tres   nudos  de los que  caen hacia los  lados  los   flecos, estas  vendas son llamadas “cotzehuatl” por el arqueólogo  Jorge R. Acosta.  Los pies  están calzados con sandalias o catclis  de altas taloneras cuadrangulares; se observan las correas  que las sujetan al pie y pasan por encima del empeine, la uña del dedo gordo está representada.

El personaje tiene como fondo una serpiente. Frente a su rostro se ve el cuerpo del  reptil  que  avanza; la cabeza de la serpiente está representada con gran realismo. El cuerpo del reptil está dividido longitudinalmente en dos franjas: una mayor que es la parte dorsal y una menor, la ventral; esta última aparece dividida en tramos transversales con pequeñas líneas curvas. En los bajorrelieves toltecas, tanto de Tula como de Chichén-Itzá, la serpiente aparece frecuentemente como fondo de los personajes.

La  indumentaria  del  personaje:  el  pectoral   de  mariposa,  la   faldilla  atada  con su faja  terminada  en los  extremos  en forma de “cola  de golondrina”, las vendas  de las  piernas   -cotzehuatl- y  las sandalias;  así como las  armas  que  lleva: el cuchillo de pedernal en el hombro, el “arma curva” o “palo defensivo” y los  dardos son semejantes  a los  que   ostentan las  cariátides  o  atlantes  de Tula  y también otras representaciones   toltecas  plasmadas   en pinturas   rupestres,  figurillas   de  barro  y bajorrelieves  de  toba  volcánica.

La   borla  de plumas o  cuauhpilolli   que  ostenta  en el tocado  nos permite  afirmar que  se trata  de  Mixcóatl. El cuauhpilolli  sirve para indicar su nombre   y  además tiene como fondo  una   serpiente  de  cascabel  con  el cuerpo  decorado de  volutas que representan nubes  y precisamente “Serpiente de Nubes”  es el significado de Mixcóatl. Este personaje fue  caudillo  tolteca-chichimeca  y padre de  Ce Acatl Topiltzin   Quetzalcóatl, señor y sacerdote  de  Tula. A su muerte Mixcóatl  fue deificado  como “dios  cazador de  los desiertos del norte,  identificado  con  la  Vía  Láctea,  y en  relación  estrecha   con la luna”.

El disco de la Mesa de San Marcos, Epazoyucan,  es contemporáneo de las cariátides o atlantes  de  Tula y corresponde a  la  época del  florecimiento tolteca: 950 a 1250 años d.C.  En ésta época  debieron haber existido en las inmediaciones de los yacimientos de ese  vidrio volcánico de  la  Sierra  de las Navajas  una serie de asentamientos toltecas -La Mesa  de San Marcos seria  uno de ellos- para el control de la obsidiana, ya qué estos  yacimientos  fueron los más importantes de la época prehispánica en  Mesoamérica.