Xiuhmolpilli, primer siglo tolteca labrado en piedra, localizado en tula

Carlos   Hernández  Reyes/Investigador  del  Centro   INAH-Hidalgo. En este escrito voy a referirme a un cilindro tallado en basalto que he identificado  como  Xiuhmolpilli,  que se  exhibe  en la Sala Histórica  Quetzalcóatl de  Tula.   Se trata de una versión en  piedra de  un atado de cañas, con cuerdas  en los extremos, que representa simbólicamente al siglo indígena  de  52  años ya concluido.  Las varas o carrizos  simbolizan los  años.   Fue  donada  por el Sr.  Jorge Oviedo Arana  del  Club Rotario de  esta ciudad.

El cilindro de basalto  mide  37 cm de largo y su  diámetro  (es más bien  oval), es  de  20 cm  en su  diámetro mayor  por 18.5  de   diámetro menor. Se apoya  en  su parte más angosta que es plana y que le sirve de  base. Presenta  longitudinalmente  una serie de líneas paralelas  hechas a  base  de incisiones y transversalmente - cerca de los  extremos- dos líneas paralelas cortadas por pequeñas incisiones diagonales semejando una cuerda o lazo. Es de notar que tiene  perforaciones  cónicas   en  su   parte  superior  sobre una  de las  cañas.

Creían  los  aztecas  que al  finalizar  un siglo  -periodo de 52  años-  el sol podría no  salir  más, que  el mundo quedaría en tinieblas y los monstruos tzitzimime  bajarían a la  tierra  en gigantescas telas de araña y devorarían a los hombres, que el mundo se acabaría y tendría fin el linaje  humano. Por  lo que los aztecas  para  evitar esta  catástrofe celebraban  en el Cerro de la Estrella  de  Iztapalapa, en la  ciudad de México y en la pirámide de Taxhuadá, de  Mixquiahuala,  Hidalgo. Un  impresionante ritual: la ceremonia del Fuego Nuevo, llamada Toxiuh Molpilia “átense nuestros años” en la que al  encender el  fuego  en la tierra  se  encendía  el sol   en  el universo,  para que  siguiera alumbrando por otro siglo más.

Los xiuhmolpilli hasta ahora conocidos son aztecas y tienen en su parte central un  cuadrángulo   en bajorrelieve que  enmarca generalmente la fecha  ome acatl: “dos caña o carrizo”, que  es el año   en que  se realizaba la ceremonia del fuego nuevo y con la que entre ellos comenzaba  el año y celebraban a  su dios  principal  Huitzilopochtli “El Colibrí del Sur”, dios de la  guerra. También en la  base de los extremos de los cilindros aztecas aparecen generalmente glifos de gran calidad  artística.  Las  cañas  del atado eran talladas con gran realismo y también  los lazos  que  amarran  los extremos y que  suelen ser  dobles.

La investigadora Nelly Gutiérrez Solana en su libro Objetos ceremoniales  en  piedra  de la cultura mexica, UNAM, 1983, publicó varios cilindros aztecas, y  dice que uno de ellos  el  Xiuhmolpilli número 6 tiene la  fecha 1 acatl  y en los  cordeles  dos  pequeñas horadaciones circulares.  Según Hugo Mohedano – uno de los  exploradores  de Tula- en este  cilindro no se  grabó la fecha 2 acatl por que se usó  el calendario mixteco-tolteca. Para este arqueólogo este cilindro  está  más dentro del estilo  tolteca y mixteco. Por cierto que el  Xiuhmolpilli de Tula también tiene perforaciones circulares. Sin embargo el investigador norteamericano Henry B. Nicholson y Nelly Gutiérrez  insisten en  que es  un cilindro azteca. 

El Xiuhmolpilli de Tula es de talla austera, simple y no tiene ni fechas calendáricas, ni glifos: es de  estilo tolteca. Con este  Xiuhmolpilli  de piedra  se  tiene otro antecedente  tolteca  de la escultura  azteca y es una prueba más de que la ceremonia del fuego nuevo también la celebraban los toltecas.  Otras evidencias arqueológicas que apoyan esta información son las representaciones en lapidas de Tula de los zacatapayollis -bolas de zacate-, supuestamente usadas para colocar las espinas de maguey del autosacrificio pero que según la arqueóloga norteamericana Clemency  Coggins son en realidad braseros con copal que tienen tres palillos: uno vertical y dos diagonales, de donde salen llamas amarillas y que son elementos iconográficos de la ceremonia del fuego nuevo. También dice que las representaciones de tezcacuitlapillis “broches-espejo de cinturón” que aparecen en la espalda de los atlantes y en otros bajorrelieves de Tula: “son… elementos clave de la ceremonia del fuego nuevo”. Un argumento más contundente es la representación en un vaso polícromo tolteca de la ceremonia del fuego nuevo donde el encendido del fuego está a cargo de un sacerdote de Quetzalcóatl.  Este vaso se exhibe en el museo Jorge R. Acosta de la zona arqueológica de Tula.  

El investigador alemán Hasso Von Winning dice que la ceremonia del fuego nuevo ya se celebraba en Teotihuacán y de ahí pasó a Xochicalco y -agregamos  nosotros-  después a Tula y luego a Tenochtitlán.

Ya mencionamos que en la parte superior del cilindro sobre una de las cañas, la que queda exactamente arriba, aparecen unas perforaciones cónicas hechas con un instrumento  puntiagudo que se usó de manera giratoria, como si sobre este atado de cañas de piedra se hubiese perforado imitando la acción del palillo de madera o mamalhuaztli que usaban  los aztecas para encender el fuego ¿un reforzamiento o duplicación mágica del encendido del fuego nuevo?

El arqueólogo Leopoldo Batres durante las obras de excavación de  los  drenajes  del  centro  de la  ciudad  de  México,  en  noviembre y  diciembre  de  1900,  descubrió  en la calle de Las  Escalerillas,  hoy Guatemala, 3 altares construidos con tezontle negro y rojo esculpidos con cráneos de piedra y huesos cruzados que contenían varios cilindros de piedra o xiuhmolpillis aztecas; estos monumentos pertenecieron al recinto sagrado de México-Tenochtitlán. Según Alfonso Caso, estos altares eran una especie de tumbas donde eran enterrados los siglos indígenas que habían “muerto” al finalizar 52 años. Eran las tumbas del tiempo.

En altares de cráneos descubiertos en Tenayuca, estado México y Cholula, Puebla el interior estaba vació aunque las paredes tenían pintados cráneos y huesos  cruzados. Caso  piensa que en ellos se pudieron colocar xiuhmolpillis de cañas o de madera que se  desintegraron con los años. No es posible  saber dice Nicholson  desde  cuando  los  aztecas comenzaron a tallar en  piedra los atados de cañas  pero este cilindro demuestra  que los toltecas ya lo hacían. Dice  Caso que la ceremonia del entierro de un xiuhmolpilli está representada  en el Códice Borbónico y se efectuaba  en el mes  Tititl  de  un año dos caña.

Los xiuhmolpillis aztecas, según Nicholson son monumentos históricos que conmemoran ceremonias específicas de fuegos nuevos. El xiuhmolpilli de Tula por lo tanto  corresponde a una  ceremonia  del fuego  nuevo  llevada  a cabo  en la  metrópoli  tolteca  al final de un periodo de 52  años. Por lo sencillo de su talla y la carencia de fechas calendáricas y glifos podemos atribuir  este xiuhmolpilli  a  la  cultura  tolteca que se desarrolló  en el Altiplano Central  de México  y la península  de  Yucatán de 900 a 1200 d. C.  Se trata de un “atado de cañas” tolteca, el único hasta ahora  localizado  en  Tula.