La estela y la Cihuateteo del cerro del elefante, Chilcuautla, valle del mezquital

Carlos  Hernández  Reyes/Investigador del  Centro INAH-Hidalgo

En la cima del cerro del Elefante de Tunititlán, municipio de Chilcuautla, Hidalgo, en febrero de 1989, fue descubierta por saqueadores en una excavación clandestina una interesante  estela  tallada  en  basalto gris oscuro. Los saqueadores sólo se habían llevado la  cabeza de la escultura y al día siguiente regresaron por el resto de la pieza, pero fueron recibidos a balazos por los ejidatarios que se habían dado cuenta del saqueo.

Este  delito al patrimonio  arqueológicos de la  Nación, fue denunciado al Centro INAH-Hidalgo por el entonces Presidente Municipal de Chilcuautla, el diputado local y el Presidente del Comisariado ejidal de Tunititlán. La estela se encontraba en el interior de un recinto cuadrangular construido de lajas de piedra encimadas comúnmente  llamadas tecorrales. Alumnos de la Escuela Normal del Valle del Mezquital de Progreso, vieron la cabeza de la escultura  en poder de un  profesor de ese centro educativo, quien mencionó la posibilidad de venderla. Uno de los alumnos lo amenazó  con  denunciarlo si eso hacía.

Habiendo llegado esta  información a conocimiento de las  autoridades del  Centro INAH-Hidalgo fue comisionado por el  entonces director Lic. José Vergara el arqueólogo Ricardo Martínez para llevar a cabo excavaciones arqueológicas. Los trabajadores manuales fueron proporcionados por el presidente del  Comisariado  Ejidal  de  Tunititlán, es  decir  eran  ejidatarios  que de  manera voluntaria colaboraban como  peones  en los trabajos. 

La difícil ascensión y diario descenso al cerro, por el arqueólogo que viajaba desde Pachuca, llegando tarde  y  agotado,  así  como  el que  los  trabajadores carecían de experiencia en este tipo de exploraciones, además de que eran cambiados constantemente, ocasionó desencuentros entre ejidatarios y arqueólogo  culminando cuando una tarde ya a la salida de labores, apareció un clavo-cráneo. El arqueólogo les indicó que para el  día  de mañana el  tomaría  los  datos y que  no  lo  movieran de lugar.  Al día  siguiente  con  gran  disgusto  vio que sus  ordenes  no habían  sido  cumplidas —¿Quién diablos les dijo que  movieran el cráneo?. Ese día las exploraciones terminaron abruptamente.

El arqueólogo Martínez se regresó a las oficinas del INAH en  Pachuca y los ejidatarios a sus  labores  del campo, pero  antes  bajaron la estela, los clavos-cráneo arquitectónicos y las almenas que habían aparecido durante los efímeros trabajos y las llevaron a  guardar en la oficina de la Comisaría Ejidal de Tunititlán,  donde permanecieron por varios  años. 

Durante las pocas semanas de exploraciones que duraron los trabajos fueron descubiertos numerosos artefactos de piedra: clavos arquitectónicos lisos -que parecen grandes tejolotes-, clavos-cráneo y almenas rectangulares con rayos  solares en la parte  superior delimitadas por fémures humanos y con un disco central: habían localizado  un Altar-Tzompantli. Estaba ubicado en el centro  de un gran recinto rectangular donde la estela se encontraba al frente del altar.  Este  monumento es  semejante  a  los que se  han descubierto aledaños  al  Templo  Mayor de  México-Tenochtitlan.

El 6 de agosto de 2003 fui  comisionado para ir  a Tunititlán y fotografiar  la estela, los  clavos-cráneo y las  almenas,  en este  trabajo fui  eficientemente apoyado  por el Sr. Antonio  Ángeles Hurtado. Actualmente, según nos ha dicho Luis Manuel Gamboa, arqueólogo residente de la zona arqueológica de Tula, la estela y los demás  objetos se encuentran en la Escuela secundaria Octavio Paz de la comunidad  de Tunititlán.

El cerro del Elefante se localiza al norte de Mixquiahuala, pasando el río Tula y parece la figura de un elefante con la trompa hacia el poniente, al pie de la cual se encuentra Tunititlán que ya corresponde al municipio de Chilcuahutla. El panorama que se observa desde lo alto es impresionante destacando al pie  el río Tula, rodeado en sus márgenes de frondosos ahuehuetes. En la parte alta del cerro está un paraje denominado La Mesa, ahí se localizan restos arqueológicos llamados por los vecinos Donijá, que quiere decir en otomí: Iglesia Vieja. En ese  lugar se  encontró la escultura. Es  importante  mencionar  que el cerro y el centro ceremonial  están representados en el plano que acompaña la Relación Geográfica de Atengo y  Mixquiahuala,  escrita  por  su corregidor   Juan de Padilla  en  1579.