Supervivencia de artefactos prehispánicos en la huasteca hidalguense

Carlos  Hernández  Reyes/Investigador  del  Centro INAH-Hidalgo

A iniciativa del Centro Coordinador Indigenista de la Huasteca –ubicado en Huejutla, Hidalgo– entonces dirigido por el Dr. Ricardo Ferré D´Amare y en coordinación con el Departamento de  Monumentos Prehispánicos del INAH,  al que yo estaba asignado, llevé a cabo en febrero de 1974 un reconocimiento arqueológico en la Huasteca  Hidalguense.

Uno de los resultados fue encontrar en la  comunidad alfarera de Chililico  instrumentos de arcilla que se usan para la manufactura de cerámica y que constituyen una supervivencia prehispánica, ya que son iguales a otros encontrados en contextos arqueológicos.

Chililico, se localiza al norte de Huejutla, a un lado de la carretera a Tamazunchale, San Luis Potosí. La actividad principal de sus habitantes es la alfarería, y dice el antropólogo Guillermo Bonfil que  “prácticamente  todas las familias se dedican a ella” y que su cerámica tiene una gran demanda y se distribuye a puntos importantes de los estados de Veracruz, San Luis  Potosí, Puebla  y el mismo  Hidalgo.

En Chililico observamos el proceso de manufactura de la cerámica. La  alfarera  – son mujeres  las que elaboran la cerámica– colocó una vasija en proceso de trabajo sobre un “plato” burdo de barro de fondo somero, base  plana y paredes divergentes que  estaba colocado sobre  una tabla y al que hacia  girar con  la mano derecha, en tanto que  con la izquierda sujetaba la pieza y le imprimía cierta forma. Para que  el tamascoyanti, girara con  facilidad  – así  llaman  las  alfareras  a ese plato – le habían puesto a la tabla arcilla liquida. Este plato es prácticamente un torno primitivo; esto se aprecia claramente cuando las  alfareras  le hacen los soportes anulares a los cajetes; a éstos -puestos  boca abajo sobre  el plato- se les coloca  en la  base un arito de barro y se les hace girar con la mano derecha, en tanto que con la izquierda se les da forma con un trapo húmedo que se mantiene inmóvil. Los soportes se hacen con gran rapidez y todos resultan iguales en forma.

Las vasijas en proceso de trabajo, se  golpean  suavemente  y se pulen en el interior con la parte convexa de una “caniota” de barro llamada atet, para darles mayor diámetro y redondez. En la concavidad  colocan  los dedos mayores y por fuera sujetan la herramienta con el pulgar. Hay canoitas de diferentes medidas, según sea el tamaño de la vasija  que se esté fabricado. Finalmente  para alisar el exterior de las vasijas se emplean unos “coditos” de barro llamados atemimiles los cuales se frotan sobre la superficie de las piezas; los hay de diferentes tamaños aunque miden en promedio 10 cms. Las alfareras llaman a los atet y a los atemimiles “piedritas”, pero sus nombres indígenas son de origen náhuatl. Las herramientas descritas, han sido encontradas en excavaciones arqueológicas en diferentes lugares de Mesoamérica  pero  hasta antes de este trabajo se desconocía su uso. Nosotros no habíamos  encontrado al tamascoyanti prehispánico, pero los arqueólogos Diana Zaragoza y Patricio Dávila lo identificaron al  hacer el estudio de la cerámica prehispánica huasteca de Tamuin  S.L.P. y  lo llaman  tipo Tahuy y  mencionan  que también  ha  sido encontrado en el estado de  Puebla. Por lo que estos tres tipos de herramientas actuales tienen sus antecedentes en la época  prehispánica.  

En las excavaciones de Tampico y Pánuco en la Huasteca fueron encontrados dos  artefactos de este tipo, un atet y un atemimile; otros dos se localizaron en la zona  arqueológica de Las Flores y varios más se encuentran en la colección Muir. El arqueólogo norteamericano Gordon Ekholm en su libro Excavations at  Tampico and  Panuco  in the Huasteca, México, los publicó en la sección de objetos misceláneos con el nombre de “Boat  Shaped  objects” (objetos  en forma de bote o canoa) y dice que su uso o función es desconocida. Los  hallazgos de Chililico permiten establecer para que fueron usados esos  objetos  misceláneos.

Guillermo  Bonfil  en  su trabajo: “Notas  etnográficas  de la  región  huasteca” publicado en los Anales de Antropología de la UNAM, se refiere brevemente a Chililico y habla someramente de los artefactos que estamos describiendo; dice del tamascoyanti –“tamahcoyauti” para Él– y dice que es un plato de barro para  apoyo de la pieza  en proceso  de  elaboración y también hace  referencia  al  atet para moldear el interior de la vasija. No menciona al atemimile. Por su parte Guy Stresser-Péan, refiriéndose a la cerámica arqueológica de la  huasteca dice: “ciertas   técnicas  han  sobrevivido  hasta hoy  en  unos cuantos  pueblos. Un plato giratorio y tal vez un horno simple fueron aparentemente usados”. Evidentemente se refiere al tamascoyanti y a los hornos  semisubterráneos que todavía son utilizados en Chililico para la cocción de la  cerámica.

En 1958 – cuando el que suscribe estudiaba la secundaria – en compañía  de  sus  hermanos Emilio  y  Víctor  Manuel recolectó en  superficie en “La  Peña”, zona  arqueológica de Valle de Bravo, estado de  México,  5 atemimiles, dos de ellos rotos, y un atet.  El atet de  Valle de Bravo es  semejante  a los atemimiles  de  Chililico, pero se  diferencia  en  que  tiene  una  somera  concavidad, que  al parecer sirvió para apoyar los dedos índice  y anular.  Cuando  los  artefactos de Valle de Bravo fueron encontrados el suscrito ignoraba  para que  habrían servido  y sólo  hasta  que  los  vio  usar  por las  alfareras  de Chililico se  dio cuenta del  uso al  que habían sido dedicados. Es de  mencionar que en  Valle de Bravo hay un barrio alfarero actual de raíces indígenas llamado Otumba, conocido por sus notables trabajos de  cerámica.     

Es  importante  mencionar  que  durante los  trabajos de rescate arqueológico que  llevamos a  cabo  en junio y  julio de 1998 en el Boulevard Tula-Iturbe-Norte de la carretera Tula-Tlahuelilpan al noroeste de la Zona  Arqueológica de Tula, se  descubrió un barrio alfarero tolteca. Se pudo establecer que se trataba de un barrio dedicado a esa actividad porque durante las excavaciones aparecieron  atemimiles y atet, así como moldes y restos de hornos. El barrio alfarero tolteca en el que aparecieron talleres en que los  artesanos usaron  herramientas del mismo tipo que las que usan las alfareras de Chililico, permitirá estudiar un barrio alfarero prehispánico comparándolo con un barrio  alfarero actual. Durante las exploraciones también aparecieron varios enterramientos humanos que tenían como ofrenda herramientas para la  manufactura de cerámica; se trata de mujeres alfareras de acuerdo con los estudios del  antropólogo  físico Arturo  Gómez Serrano.

El hallazgo en Tula confirma que las herramientas de Chililico son una   supervivencia  prehispánica. Por lo que este poblado huasteco cobra una gran relevancia para los estudios de la manufactura cerámica arqueológica y  constituye un claro ejemplo de lo que podríamos llamar “arqueología viviente”. Dice el arqueólogo Glyn Daniel que: “El uso de esos paralelos etnográficos es, hasta  cierto punto justo y correcto. El prehistoriador  puede  comprender la  naturaleza de los utensilios prehistóricos que estudia, meramente por medio de una  comparación  de  los mismos con  los que utilizan los primitivos  actuales”. Aunque, advierte el arqueólogo  Gordon Childe,  que  debe tenerse en cuenta  que  “para interpretar las  reliquias  arqueológicas… las analogías  con la cultura folk  del área  son más  útiles y más dignas de confianza” ya que, agrega: “Hay una probabilidad  real   de que  una  tradición continua ligue  al  artefacto  prehistórico con el reciente”.

El tamascoyanti, el atet  y el atemimile localizados en Chililico, Huasteca  Hidalguense, se originaron en Mesoamérica durante en el Horizonte  Preclásico  Medio de 900  a  500 A.C. y  forman parte de un complejo tecnológico  para  la elaboración de cerámica que constituye una supervivencia prehispánica. Esto, además, lo comprueba el hallazgo de un barrio alfarero prehispánico tolteca  en la zona  arqueológica de Tula, en donde este mismo tipo de artefactos fueron encontrados. Estas herramientas fueron usadas desde la época prehispánica  y continúan empleándose  hasta nuestros días.