Entierro Teotihuacano descubierto en lomas de santa cruz, Tecamachalco, puebla.

Carlos Hernández Reyes y Rodolfo  Velázquez Cano Investigador del Centro INAH-Hidalgo

Es frecuente que cuando los campesinos realizan sus labores agrícolas encuentren vestigios arqueológicos de las culturas prehispánicas: esculturas, ofrendas de cerámica y figurillas, tumbas, entierros...

Esto  ocurrió recientemente, el pasado mes de junio de 1972, en la ranchería Lomas de Santa Cruz, municipio de Tecamachalco, Puebla. El campesino Francisco Marin al estar  sembrando nopales en el corral  de su casa  encontró una serie de piedras  planas acomodadas, de las  que  algunas estaban labradas, esto llamó su atención y al removerlas vio que cubrían  una cavidad cilíndrica que contenía restos humanos y cerámica: había descubierto un entierro prehispánico. La amistad que tenemos desde hace varios años con vecinos del lugar, especialmente con el Sr. Reynaldo  Rodríguez, juez local,  hizo posible que se nos permitiera ver el sitio del hallazgo y fotografiar la numerosa ofrenda asociada, que ya había sido exhumada por su   descubridor.

Se trata  de  un pozo  cilíndrico  excavado en la   roca caliza;  mide  1.30 m de  profundidad por  90 cm  de diámetro, tiene un anexo circular en la parte superior de 70 cm de diámetro y 30 cm  de profundidad, desviado hacia  el suroeste,   la planta  excavada presenta forma arriñonada.  Según nos fue referido, se encontraba en el anexo, un esqueleto,  y dos más  dentro del pozo “como sentados”. De  los restos óseos sólo  se pudo  rescatar un cráneo y algunos huesos largos que serán enviados al Departamento de Antropología  Física del Museo  Nacional  de Antropología de México, para  conocer  sus  características.  Entierros  semejantes  en pozos  abiertos en el  tepetate, se localizaron  en 1963  en las  exploraciones que Juan Vidarte llevó a cabo en el rancho de La Ventilla, zona de restos  habitacionales localizada al sureste de la  zona arqueológica de Teotihuacán;  en donde los entierros 3, 4, 10  y  16  guardan  similitud  con el aquí encontrado.

La ofrenda del entierro está formada por 12 vasijas de cerámica anaranjada delgada, 27 de  cerámica  café claro  y 30 de café obscuro con pulimento de  palillos; dos fragmentos de concha  trabajados  en forma trapezoidal;  tres cuentas de collar  y una aguja  hecha  en piedra  verde; cuatro  delgadas navajas prismáticas de obsidiana  verde  como la de Teotihuacán;  pero  lo mas importante fue el hallazgo de elementos  escultóricos  de  una  estela  seccional  semejante  a la  encontrada en  La  Ventilla, Teotihuacán.  Entre las vasijas de barro anaranjado delgado,  destaca, tanto por su valor arqueológico  como  artístico,  un vaso silbador  compuesto por  una  figura de mono de  14.5 cms de altura, que tiene adosada en la parte posterior, una vasija de base plana y paredes divergentes  de 10.5 cms de altura. Según el arqueólogo Eduardo Noguera que descubrió como ofrenda de un enterramiento en el Altar de los Cráneos Esculpidos de Cholula  una vasija  semejante  “se  les ha denominado ‘silbadores’ por el hecho de que vertiendo agua en el recipiente  y agitándolo, se  desaloja  el aire contenido en la figura anexa la cual produce un silbido al salir por la parte  superior”.  Un vaso silbador semejante al de Lomas de Santa Cruz fue hallado en Tepeaca, población relativamente  cercana a esta ranchería, el cual se encuentra  en exhibición en la sala  Teotihuacana  del Museo Nacional de Antropología. Noguera con base  en una serie de hallazgos de la región   zapoteca, en donde aparece este tipo de vasija, considera que estos vasos son elementos  relacionados con entierros y pudieron  haber servido como vasijas funerarias.  Este  hallazgo viene  a reforzar  su  interpretación. 

Otra  notable vasija anaranjada delgada, es  un vaso  cilíndrico  trípode de base plana, soportes  de sección de prisma  rectangular,  cuerpo  de  paredes  ligeramente  divergentes  y borde  recto;  tiene una tapadera  cónica con asa  en el vértice,  mide desde la base  de los  soportes  al  vértice  18.5  cm de  altura  y 16 cm  de  diámetro; en la parte inferior  del  cuerpo  tiene dos franjas horizontales paralelas  en relieve que la  circundan. Esta es una de las  formas  más características  de la cerámica que produjo la cultura  teotihuacana.  Otra pieza  de gran   belleza,  aunque  incompleta,  es  una vasija  zoomorfa  que  representa un perro  acostado, mide 13 cm de  largo  y 8.5 de altura. Vidarte encontró una vasija semejante como ofrenda  en el entierro   86   de  La Ventilla.

Hay  también un cuenco semiesférico  con soporte anular, y 7 vasijas  de base plana, cuerpo de  paredes cóncavas y  borde  saliente, algunas decoradas en el cuerpo con líneas dobles en forma de trenza enmarcada en líneas paralelas que circundan toda la vasija; otras están decoradas con motivos en forma de “S” doble, también enmarcadas con líneas paralelas todas ellas de barro anaranjado delgado. También hay numeroso recipientes trípodes de barro café claro y café obscuro, con soportes de  botón, base plana y paredes curvo-divergentes y bordes salientes, decoradas  en el cuerpo con líneas dobles trenzadas enmarcadas en líneas paralelas, muy  semejante a los típicos “vasos florero”, aunque  mas grandes; ollas trípodes con soportes  de botón; ollas tipo ánfora que  presentan como característica estar “matadas” es decir fueron rotas al momento de enterrar al  difunto.

Junto con las vasijas, según nos informaron, se  encontraban una   serie  de   piedras  labradas, que al  unirlas  se vio que  son parte de  una  estela seccional  como la  de La Ventilla,  pero de menor tamaño. Se  compone  de  tres secciones escultóricas superpuestas: una parte cilíndrica  sobre  la que va   una sección cónico-truncada y arriba  de ésta una sección esférica  achatada  decorada con flores de cuatro pétalos, en relieve; no apareció  la  parte  superior  que debería  ser  discoidal  como la  de  La  Ventilla. Presenta  huellas  de recubrimiento de estuco y  mide  62 cm de  altura. Otra escultura de este tipo fue identificada por Gerardo Cepeda entre unas piezas de saqueo   decomisadas procedentes del “Cerro de los Monos”, municipio de Tlalchapa, Guerrero, aunque debemos mencionar  que no es tan semejante a la de La Ventilla como ésta;  la del “Cerro de los  Monos”  tiene características  más locales, es  un poco marginal; la de  Santa  Cruz es mas parecida debido a que se encontró  en una zona arqueológica que cae  dentro   del ámbito metropolitano de  Teotihuacán.

Vidarte  encontró  en  el Patio  de las Pinturas de La Ventilla  un pequeño altar  en forma de  “T”, de dos niveles con una  perforación cilíndrica en la parte superior; se  pensó  que podría haber   servido   para colocar  una  escultura como la de La Ventilla  dada  la semejanza entre  el diámetro de la  perforación  y el de la espiga  de la estela;  sobre esa base se construyó en la  sala  teotihuacana  del Museo de Antropología un altar de cantera y sobre el se colocó la mencionada estela. Sin embargo, si es que, como dice  Aveleyra, para interpretar   la  función  de esta estela  se  observó  la semejanza que tiene con  figuras  pintadas en  los  murales del  Tlalocan de Tepantitla, Teotihuacán y se supuso  que funcionó  como marcador  de  juego de pelota; y  esa  semejanza   iconográfica  es la  que  le da  validez  a la  interpretación, entonces  ¿Por qué  no se  construyó para colocar la estela, un altar   con  talud   y tablero  como está  representado  en el  Tlalocan?

Este entierro es el tercero que aparece en lo que va del año. El primero, según nos  informaron, se encontró a un lado de la Escuela General  Prisciliano Sánchez, en el cauce de un pequeño canal de riego; el segundo apareció 4 metros al norte del primero, tenía también una numerosa ofrenda de cerámica;  pero del primero  sólo se conserva una vasija y del segundo tres o cuatro; cuando apareció el segundo entierro  se aglomeraron los vecinos y cada quien se llevó lo que  pudo “me las carrancearon”, dijo el campesino que lo  descubrió.

Este  tercer entierro se encontró en una casa  que  se  encuentra al  norte  de la cancha  deportiva  local, misma cancha que esta delimitada  al  oriente por la  escuela mencionada;  por lo que  los entierros  aparecieron  en un área de un radio aproximado de  50 m.  La cerámica  de la ofrenda  es característica del  periodo Teotihuacan III fechable entre 450 y 650 D.C. y representa el apogeo  de la cultura Teotihuacana, su máximo florecimiento. 

Al parecer  Lomas  de  Santa  Cruz   fue  un  área  habitacional;  la  zona  arqueológica  monumental  llamada  los “Teteles” se encuentra 2 kms al norte de este lugar  y está formada  por seis  montículos alrededor de  una  plaza  ceremonial. Al norte de  Lomas de Santa Cruz, como a 1,100 m  se  encuentra un  conjunto formado por dos montículos llamados Tehuantepec y en el triangulo formado por las Lomas  de Santa Cruz, los “Teteles” y Tehuantepec se encuentra una zona con alta concentración de fragmentos de cerámica y figurillas  llamada por los vecinos “El Tepalcatero”, aunque la  cerámica  es  predominantemente teotihuacana la hay también preclásica  y  postclásica.

Las piezas arqueológicas debido a nuestra intervención, se encuentran custodiadas por las autoridades  locales, que quieren conservarlas en un futuro museo local como un testimonio de   nuestros antepasados indígenas. A tanto años de distancia  no sabemos si lograron su objetivo   pero esperamos que este  breve texto sirva para que  no se pierda la  información del hallazgo de este  entierro teotihuacano: uno  de  los  mas  ricos en  ofrenda cerámica como me comentó cuando  le mostré las fotografías de la ofrenda, el arqueólogo  Robert  H. Cobean   de la  Universidad de  Missouri.