Estucos modelados de Palenque,Chiapas

Carlos Hernández Reyes/Investigador del Centro INAH-Hidalgo.

“Es lugar  común  en  la  actualidad reconocer  que  en Palenque el modelado  en estuco  llego  a  su máxima  expresión”,

con estas palabras la historiadora del arte Beatriz  de  la  Fuente  resume  la  opinión  general  sobre  los  estucos  que  tan  merecida fama  han dado  a esa  notable  zona  arqueológica del  horizonte  clásico  maya.

El  estuco es  una  argamasa compuesta de  carbonato  de  calcio, polvo de  piedra  caliza  finamente  triturada  y agua de  cal,  fue  muy   utilizado  por  los  mayas  en  el  revocado  de  pisos  y  muros de sus  edificios  y para  modelados  escultóricos que  integraron  a  su arquitectura,  en  el  interior  y exterior  de  sus  construcciones.

Dentro de los  edificios    fue  aplicado en  zócalos, jambas, cornisas  y frisos  de  los  santuarios  de  los  templos,  como el  del  Sol, el de La  Cruz  el XIV  y  el de  La   Cruz Foliada.  Abundan también  los  modelados,  en  El  Palacio, edificio –según de  la  Fuente- “destinado  a  alojar  al  grupo  jerárquico  dirigente”  como puede  verse  en la  Galería  Oeste  del  Edificio  C, donde  aparecen  nueve  mascarones  de  estuco  que según  Eduard  Seler  representan  a  los  9  señores de  los  infiernos  y  de las  horas de  la  noche; también  en el  Edificio  A donde se  encuentra una greca escalonada  doble  combinada  con símbolos  del viento (iks);  en  los  dinteles de  los accesos a “Los  Subterráneos”,  en La Torre  etc. sin embargo  la  muestra  más  notable  aparece  en  los  muros  laterales  y  el posterior  de  la cripta funeraria   del  Templo de  las  Inscripciones donde  se  observan   nueve  extraordinarias  figuras  de  estuco.

En  el  exterior  de  las  construcciones   los  modelados  se   ubican  en alfardas, pilastras  de  los pórticos, tableros  y cresterías, pero  sobre  todo  en  los  frisos. En  las  alfardas  los  vemos  en el  templo  XIV,  y  en la  fachada  del  Palacio;  en  las   pilastras,  en el  pórtico  de  los   templos  y  en las  Galerías  del  Palacio.  En  el  mismo edificio, en la fachada   Norte,     hay una  serie  de  mascarones.  Las cresterías  del  Templo  del Sol   y  de La  Cruz  presentan  con  profusión  el  modelado  en  estuco  y cabe  mencionar, que  aquí  casi  alcanzaban  las  tres  dimensiones  aunque sin  llegar  a ser  escultura  exenta. Un caso  similar  se  presenta  en  el  muro  oriente   de  la  base  de  la  Torre  del  Palacio, donde  aparecieron  “nueve   figuras de  estuco que   tienen  casi  la  calidad  de  esculturas   volumétricas”.  No obstante, si  hay  ejemplos   de  escultura volumétrica,  como las  dos  magníficas  cabezas  que aparecieron  como ofrenda  bajo la cripta del  Templo de  las  Inscripciones.

En  algunos  casos   el estuco  se  combinó  con la  piedra  como  el  Templo del  Bello  Relieve, llamado comúnmente  Templo del León: “piedra  para  el asiento del personaje  y estuco para  la  figura  y los  jaguares  del  trono” y en el  templo  XVIII substituyo a  la  piedra  para  la  ejecución  del tablero.

Técnica. Según  Dupaix, quien  en  su tercer  viaje  a  la  Nueva   España  en  1807 visitó  las  ruinas  de  Palenque  e  hizo  inteligentes observaciones, la técnica  del  modelado   consistía  en  trazar “primero  la línea  ideal  del  contorno  lo que uno  percibe, pues  se ve  un bosquejo  negrusco”, sobre  el  que  luego   se aplicaba  el estuco  a  mano  o con  estiques, esto  lo considera  una  técnica;  más  adelante  agrega: ”el otro método consistía,  primero  en  formar  una  especie  de  esqueleto  con  trozos de piedra  tendidos    imitando  aquella  osamenta  de  los  principales  miembros  del cuerpo  humano, que  llamamos  en las  academias  de  las  bellas  artes  el  arma  de  la  figura. La debían cubrir  de  estuco fresco  y en  el  mismo  acto redondear  las  formas,  generalmente  todos  los  relieves  fueron pintados”.

No creemos   que se trate  de dos  técnicas  independientes  sino de una sola; diseñar  el  motivo en negro, cubrirlo  con estuco y donde  era   necesario ponerle  un  esqueleto  de  barritas  de   piedra caliza. Parece  que  al  construir  los elementos  arquitectónicos  tenían  ya  una idea  general  del diseño  a ejecutar y dejaban  algunas  piedras salientes  que  servían  de  apoyo  al  modelado. Después de  ejecutar  el  diseño “se  pegaban  los  adornos  sobre los  cuerpos: finalmente se  pintaban”.

En  el  estuco  los mayas  crearon  verdaderas  obras de  arte  de  profundo contenido   religioso  a las  que  Palenque  debe  su  fama; sin  embargo  debido  a la  humedad  excesiva del  lugar  que  pasa  de  50  grados  durante  casi todo el año (sin contar  la  temporada de  lluvias, cuando  aquella  aumenta   peligrosamente)  el  deterioro  que  sufren  es  alarmante. La  acción  combinada  del  agua, en  forma   de  neblina  y  tormenta,  el calor  excesivo  y  el  viento, produce  no solo  la  desintegración  directa  de  los  estucos, el  trasporte  de  sales, lixiviación  de  los  componentes  solubles etc., sino  también   varios tipos indirectos  de  ataque  como la  proliferación  de  criptógamas:  hongos, algas, líquenes  y  bacterias, entre  los que  se  encuentran  las  tiobacterias, las silicobacterias, las bacterias nitrificantes, actinomicetos etc., que desempeñan  un  activo papel  en  la deterioro  de  los  modelados  ya que  son  capaces  de  transformar  los  nitratos  en  nitritos y los  sulfatos en  sulfuros. Estos  organismos  suelen ser  simple vista de  color  verde, rojo  o gris.

Podemos  agregar a estas causas  naturales  la destrucción  intencional  causada por  algunos   turistas como ocurrió  en   noviembre  de  1968 con el  modelado  del  zócalo  del  Santuario  del   templo XIV: un precioso  mascaron de  Chac, dios de la  lluvia, “destruido  a  pedradas  por  unos  visitantes”   sin que  hasta  la  fecha  hayan  sido  debidamente  explicadas  las  circunstancias   en que ocurrió  este   lamentable  incidente.

Para  la  solución  del  problema  que  plantea  la  conservación  de  los  estucos, además  de  una vigilancia  más  eficaz  y de  la  elevación  ética de  los  visitantes,  se  requiere  la  intervención  de  un  técnico  restaurador  que  evite  la destrucción  de  los  ya  descubiertos  y consolide los que  se  descubran  en las  excavaciones  periódicas  que  se  efectúan  en  esa  zona  arqueológica.

Precisamente  en  la   temporada  pasada  de excavaciones que se llevó a cabo de septiembre a noviembre de 1972, se  hicieron  ambas cosas: se  trataron  unos  estucos  descubiertos  hace  40 años por   el  arqueólogo    Miguel Ángel Fernández y se consolidó  un mascarón  descubierto  en el tablero  del tercer  cuerpo  de la  fachada  del Palacio. El  proceso seguido  con el mascarón  fue  el  siguiente.

Como primer  paso,  para evitar  la  disgregación  del  estuco  se  procedió  a  consolidarlo  paulatinamente, conforme  se  iba  liberando  del escombro  que  lo  cubría; se  usó  como  aglutinante una  emulsión  acrílica  muy resistente que  forma  enlaces  transversales  prácticamente  insolubles.

Conociendo  los materiales con que de  hecho el estuco, requisito  necesario para  su  conservación, se usó  para  restaurar  un  mortero  de  cal y arena  al que se  agregó  el  mismo  aglutinante empleado  en la consolidación. Se hizo necesario inyectar  el  consolidante  con  jeringa  en  las  partes  huecas. Con el mortero  mencionado se  resanaron  grietas  y  fisuras  y,  siguiendo  la  ética de  la restauración, en  ningún  momento  se  completó o  remodeló ninguna  de  las  partes destruidas, respetando  el  estado  en que se  encontró el  mascarón.

Al descubrir  los  estucos, dada  la  humedad  de  la  zona, es  inminente  la proliferación  de las  criptógamas sobre ellos  y  para  evitarla, inmediatamente  después de  la  consolidación  y resane, se  aplicó  un fungicida.

También  se  requiere  en  la  zona de  trabajo  un  techado provisional  que  proteja  a  los  modelados de  la lluvia  y evite, asimismo, un  secado  violento  que  sea perjudicial.

Cuando el estuco se ha secado completamente, se  hace  una  nueva  consolidación   total. Finalmente  cuando se está  seguro,  por  medio  de  algunas  pruebas, de que  la  restauración  ha sido  satisfactoria, se  retira  el  techo  de   protección, pues  ya  podrá resistir  la  intemperie, aunque  son  necesarias  labores de  mantenimiento  por  lo menos  cada  año.

Donde  se  requiera,  dada  la calidad  de la  obra   o el  peligro  de  que  pueda  ser  destruida  podría  dejarse  el   techo y,  además, usar  enrejados  como  en  la cripta  y  procurar  una  vigilancia  más  eficiente.

Los  antiguos  mayas  lograron  en   Palenque  llevar  el  modelado  en estuco a sus  más  altas  expresiones   artísticas  y  es  insoslayable  la responsabilidad   de  preservarlos  de la destrucción,  pues  no  son únicamentepila  patrimonio  cultural de  México  sino de la  humanidad.