El tezcacuitlapilli con mosaico de turquesas descubierto en el palacio quemado de Tula

Carlos   Hernández  Reyes. Dos  importantes  ofrendas toltecas fueron  localizadas  a principios de 1993 en el  impluvio  - patio central  rodeado  de pilares que estuvieron  techados  – de  la Sala 2 Palacio Quemado,

ya que  debido  a las  intensas lluvias de finales de 1992, el patio estaba inundado porque el desagüe prehispánico se había azolvado y el agua ponía en peligro las banquetas decoradas con  bajorrelieves policromados que lo circundan. Ante esa  situación los arqueólogos Robert H. Cobean y Guadalupe Mastache, decidieron a desazolvar  el  desagüe, aprovechando la temporada 1992-1993 de Mantenimiento Conservación y Estudio de la  Zona Arqueológica de  Tula.

Durante los trabajos de desazolve se descubrieron dos ofrendas prehispánicas que fueron explorados por los arqueólogos  Elba Estrada  Hernández y Fernando Getino Granados, apoyados por restauradores de la Coordinación Nacional de  Conservación del Patrimonio Cultural del INAH. En esta ocasión únicamente  nos  referiremos  a la  primera  ofrenda.

HALLAZGO  DEL  TEZCACUITLAPILLI

A pocos centímetros, después de romper el piso de estuco de la etapa  constructiva tolteca más reciente, y empezar a excavar se descubrió un Tezcacuitlapilli (“broche de  cinturón”) de  forma circular que tenía como soporte  dos  círculos  concéntricos, el central de  piedra, que era   la  base   de  un espejo de  pirita  y otro  mayor, de madera  sobre  el que   estaba  un  mosaico  de  plaquitas  o  teselas de  turquesa, de  pirita  y de  concha.  Mide  24 cm. de diámetro, la madera ha desaparecido, esto  se  pudo saber  por la  huella  circular  obscura  que había dejado al desintegrarse; sobre el mosaico de turquesa se encontraban narigueras y cuentas  de concha. Se calcula que el disco estaba  recubierto por aproximadamente 3 000 plaquitas de turquesa y de pirita, que se pegaron al nuevo soporte de madera, donde se  volvieron a colocar. Según la restauradora Valerie Magar de la Coordinación Nacional de conservación del Patrimonio Cultural del INAH, los pegamentos utilizados para la restauración intentan repetir las técnicas prehispánicas originales, pues se usó  chapopote para  pegar  la pirita  y un  adhesivo  a  base de cera  y de resina  para  las turquesas, y a pesar del mal  estado en que el disco se encontraba, los restauradores llevaron a cabo un trabajo satisfactorio.

La turquesa es una piedra fina de color  azul  que fue muy apreciada por  los  toltecas. Procedía  del Suroeste de los Estados Unidos de las minas de Cerrillos, Nuevo México. Según el investigador norteamericano  Phil C. Weigand,  la  turquesa del yacimiento de Cerrillos tuvo una la distribución muy amplia entre los pueblos de  la época prehispánica tanto de Mesoamérica como de Oasisamérica.

El Tezcacuitlapilli o disco dorsal era un broche de cinturón de la indumentaria de los  guerreros, símbolo de la más alta jerarquía tolteca y aparece representado en  la parte dorsal de las monumentales cariátides de Tula y también lo ostentan  los personajes que se supone fueron los gobernantes toltecas, representados en bajorrelieve en los pilares.

Durante el rescate arqueológico que llevé a cabo en la Zapata 2 de Tula, en  1980, en una cista saqueada encontrada al centro de la subestructura del  jaguar,   así llamada por los bajorrelieves de felino que la decoraban, se localizó sobre  una losa que tapaba la cista una ofrenda formada por un disco de arcilla de aspecto metálico y una vasija Plumbate en forma de guajolote; entre el escombro  recolecté tres bolsitas de plaquitas de turquesa oscurecidas por el fuego y numerosas cuentas discoidales de concha y otras esféricas blancas de caliza, que estaban dispersas en el escombro. El disco de aspecto metálico es probable que  haya  sido  la  parte central de un disco con mosaico de turquesas. También se  encontraba cerca una concha de  Spondylus  sin trabajar.

En el registro de piezas arqueológicas de Acaxochitlán que llevé a cabo había  un disco de pirita  con la orilla  recortada en  bisel y una  perforación. Mide 10.5  cm de diámetro y 9 mm. de espesor. El disco se exhibe en el museo municipal de   Acaxochitlán. 

Estos discos dorsales o Tezcacuitlapillis con plaquitas de turquesa, también se han  encontrado  en  Chichén  Itzá, Yucatán, ciudad  maya que fue  conquistada  por  los guerreros de  Tula, ciudad  en la que  aparecen gran número de rasgos de la cultura tolteca. Los Tezcacuitlapillis también están representados en bajorrelieves  toltecas. En la Sala 2 del Palacio Quemado se encontró una lápida con la representación de un Tezcacuitlapilli y en otras salas del mismo monumento aparecieron otras  lapidas  con la misma  representación.

También en la Sala 2 del Palacio Quemado abajo del Chac mool, el único completo qué se ha encontrado en Tula, el arqueólogo Jorge R. Acosta descubrió una ofrenda de plaquitas de turquesa y jade dentro de una masa compacta de tierra  amarillenta; al levantar estos objetos se empezó a revisar la tierra con finos  pinceles  y aparecieron  más  plaquitas de jade y turquesas y dice  Acosta  que esos   eran  restos de un mosaico. A la masa  compacta  de tierra  amarillenta  y  plaquitas de  jade y  turquesa se le aplicó una capa de  yeso y  se levantó en un solo  bloque  que  fue  enviado  al  laboratorio del  Museo de  Historia  Natural  de  Nueva  York.  El arqueólogo Gordon F. Ekholm en una carta dice que sólo se hallaron  fragmentos de varios discos de piedra arenisca que seguramente formaban parte de la  base de  espejos de pirita decorados con mosaico de turquesas. Actualmente el  Tezcacuitlapilli se exhibe en  la Sala Tolteca del  Museo Nacional de  Antropología de la  ciudad de México. Corresponden  a la  fase  Tollan de la cultura  tolteca  que se  sitúa  cronológicamente de  950  a  1200 años  d.C.